lunes, 5 de agosto de 2013

Interludio tercero: Intertextuales por invitación

Hace tiempo que no publico algo en el blog. Además de la novela 1Q84, de Haruki Murakami, y la tesis de maestría, que me tienen muy entretenido, otra de las razones para mi aparente abandono (les prometo que no es verdad) ha sido una invitación. La compañera Marlyn Cé ha comenzado a publicar una serie de lecturas de diversos autores como parte de un proyecto literario muy divertido. Se trata de la serie "Intertextuales por invitación".

El reto es escribir un texto literario a partir de una fotografía diferente proporcionada cada semana por la administradora del blog. Hoy se han publicado los primeros textos, de los cuales este servidor también forma parte. El grupo de escritores, dramaturgos y poetas incluye a Marlyn Centeno, Laura Rentas-Giusti, Pedro Rodiz, Cindy Jiménez-Vera, José E. Muratti-Toro, Miranda Merced, Roberto Llanos, Peter M. Shephard-Rivas, H. Roberto Llanos, Cobbiant Miguel, Amarilis Pagán Jiménez, Lynette Mabel Pérez, Christian Manuel Marrero-Pérez, Ángel L. Matos, Giselle E. Mena, Max Chárriez, Anu Ramos, Samadhi Yaisha y este servidor, Antonio Miranda.

Esta una buena oportunidad para conocer de primera mano los estilos diversos de los autores que colaboramos en este proyecto. La serie se extenderá por siete semanas. Somos un grupo nutrido y talentoso, así que los invito a disfrutar de esta divertidísima propuesta.

Aquí les dejo el enlace: http://marlynce.com

Salud!

sábado, 11 de mayo de 2013

Libro trigésimo: En el reino de la Garúa

En el reino de la Garúa: Décima Jornada
de Emilio del Carril

“En el reino de la Garúa, el que cuente de corrido 1001 cuentos durante diez jornadas, será Rey.”; así comienza la introducción al último libro de cuentos de Emilio del Carril. Esta vez nos ofrece los últimos ciento un relatos de los mil que cuenta el cuentacuentos para ganar el reinado de un mundo fantástico y lluvioso.
Los cuentos de esta entrega literaria nos bañan como la garúa (o llovizna) del título: son un rocío breve que a veces nos provoca escalofríos por lo inesperado (930 - ‘El nuevo sentido’) y otras veces nos enternece por lo melancólico (952 - ‘Sin explicación, 917 - ‘El secreto del mejor vendedor de sombrillas de Manhattan’, 999 - ‘El entierro del globo blanco’). Claro, la inventiva de Emilio del Carril no se limita a una polaridad emocional. Sus microcuentos abarcan una gran variedad de tonos y conflictos. Unos pensaría que bajo la premisa de lo fantástico que se nos presenta al comienzo del libro los relatos estarían limitados quizás a la fábula, al cuento de hadas o a lo fantástico en general. Sin embargo, el autor hace la salvedad muy ingeniosa de que sl narrador de la última jornada, el candidato a ser Rey, se le acaban los relatos que conoce, así que se excusa por un momento para acudir al baño. Allí ingiere una esfera mágica —nada menos que el Aleph de Jorge Luis Borges— que le permite conocer el pasado, el presente y el futuro. Entonces experimenta una epifanía salvadora, elegante y justamente simple: tendrá que inventarse los otros ciento un cuentos. La musa será su visión de los otros tiempos.

El narrador de los microrelatos de Emilio del Carril es una especie de Borges fantástico, hombre que descubre el universo a través de la literatura. De esta manera, el narrador conoce los problemas de todas las personas, las ironías de todos los tiempos, reproduce con giros de tuerca los cuentos de hadas clásicos, sufre los desamores y las aventuras de cualquiera, ha leído todos los libros de la Biblioteca de Babel y rescata en uno solo todos los tiempos de la humanidad. ‘En el reino de la Garúa’ es una proyecto ambicioso y genial, no solo por su amplio espectro de relatos, sino también por su estilo misterioso.
El nuevo libro de Emilio del Carril aprovecha la críptica —o quizás la curiosidad— por los otros novecientos relatos del candidato a Rey. Algunas páginas del libro incluyen relatos de alguna jornada anterior que solo pueden ser descifrados a través del espejo o a contraluz. Convenientemente, el ejemplar que tengo incluye un pequeño espejo circular que se puede remover para leer estos secretos que nos trae el libro. Yo preferí girar el libro y mirar la silueta de las letras por detrás de la página. Me sentí como una especie de alquimista de los fotones.
Usualmente comento algunos —sino todos— los cuentos del texto, pero, naturalmente, son muchos. Puedo decir, sin embargo, que Emilio del Carril es un maestro del género espontáneo y difícil del microrelato. Encontré muchos cuentos favoritos que puedo destacar por ser geniales sin perder la facilidad y elegancia del lenguaje. El microrelato, por su naturaleza breve, tiende a convertirse en adivinanza o chiste y a veces puede frustrar o burlar al lector. En esta nueva entrega, Emilio del Carril se las arregla para conseguir ese efecto sorpresivo tan característico del microrelato sin perdernos en merodeos demasiado oscuros.
Claro, por su facilidad y ligereza no significa que el libro pierda su gran valor literario. Los intertextos son numerosos; los más frecuentes hacen referencia a la Biblia, a Jorge Luis Borges con el laberíntico y circular ‘Uróboros’, por ejemplo, a fábulas y cuentos de hadas, a clásicos universales como Las mil y una noche y El Decamerón de Bocaccio, y también El principito de Antoine de Saint-Exupéry. Por otro lado, sobresale la sensibilidad observadora del autor sobre el cruel empirismo que depara la vida y nos somete a la experiencia. Abundan los retoques y giros a clásicos de la literatura; también el genio de un autor diestro. Todavía me pregunto cómo lo hace... Mientras tanto, releo y disfruto la última jornada de cuentos que inventó el audaz soberano-mascota del reino de la Garúa.
En resumidas cuentas, otro libro impecable de la Editorial Pasadizo. ¡Enhorabuena!


Cuando leo un libro de cuentos tiendo a marcar las páginas que corresponden a los relatos que más me han gustado. ‘En el reino de la Garúa’ es un libro tan bueno que me voy a tomar la libertad de nombrar todos los microrelatos que me han fascinado:

902 - ‘El ángel caído’
905 - ‘Sobre el origen de las manzanas rojas’
906 - ‘El imitador’
912 - ‘Agonía y muerte’
915 - ‘Manual de sombras’
917 - ‘El secreto del mejor vendedor de sombrillas de Manhattan’
922 - ‘Uróboros’
930 - ‘El nuevo sentido’
938 - ‘Control de daños’
809 - ‘Baja autoestima’
952 - ‘Sin explicación’
955 - ‘Las sábanas mágicas’
969 - ‘Derechos del protagonista’
974 - ‘El ogro bueno’
977 - ‘Todos los hombres son iguales’
979 - ‘El nuevo eunuco’
980 - ‘El gran circo de las cotidianidades’
983 - ‘Princesa en la rambla’
989 - ‘El último pensamiento del crucificado’
996 - ’28 de noviembre de 1493’
998 - ‘Las que el viento se llevó’
999 - ‘El entierro del globo blanco’
780 - ‘Poda’
1000 - ‘El síndrome del sol’
1 - ‘El gran grito’

Elementos narrativos sobresalientes:
-Brevedad
-Intertextos
-Intratextos (por el epílogo)
-‘Unidad’

viernes, 15 de marzo de 2013

Libro vigésimo noveno: Cuentos de vellonera

Cuentos de vellonera
de Ricardo Santana Ortiz

Esta pequeña colección de cuentos viene con aires irreverentes y dolorosos. Bajo la misma línea de literatura ‘hiperrealista’ de ‘La belleza bruta’, de Francisco Font Acevedo, y ‘Mundo cruel’, de Luis Negrón, ahora Ricardo Santana Ortiz también se atreve a exponer de manera visceral y admirable los relatos intratextuales sobre un nicho de personajes y lugares que se comparten a través de las historias.
La mayoría de los relatos alternan entre la niñez y la adultez de un personaje homosexual llamado Gabi. Es interesante como Santana Ortiz caracteriza a Gabi y a los demás personajes con técnicas sencillas que mayormente se agarran de referencias populares y un lenguaje de los personajes muy puertorriqueño y coloquial. Digo que es interesante porque, en mi caso, a pesar de nunca haber conocido personas ni vivido situaciones semejantes, al final de cada cuento siento que Gabi y su ganga se me hacen más y más familiares.
El tema del tranformismo se abarca con cierta profundidad en el último relato, titulado ‘El gran final’. Tengo que confesar que fue el relato que menos me gustó del libro, junto con ‘Tití Nelly y yo’, más bien porque los diálogos en estos relatos suenan algo artificiales. Solo un poco. Sin embargo, la temática que abarca cada uno de estos cuentos es, sin embargo (e irónicamente), acaso la más impresionante. Por un lado, ‘El gran final’ denuncia la ambigüedad o insuficiencia de la representación legal que se le ofrece a las personas homosexuales y, en este caso, transformistas. Por otro lado, en ‘Tití Nelly y yo’, hay una compleja presentación de cómo una situación ‘normal’ o ‘cotidiana’ traumatiza a un niño mientras que encuentra refugio en otra que se considera ‘inaceptable’ y ‘terrible’. Y es que a través del terror el niño encuentra un refugio en la simpatía sensual que le ofrece su tía Nelly hasta llegar al punto de la transgresión sexual. Al terminarlo me pregunto: ¿Será compasión o será perversión? De un modo o de otro, la presentación del conflicto es excelente, no así el dominio de la técnica de los diálogos.
Como ya mencioné, la mayoría de los cuentos alternan entre la niñez y la adultez de un personaje llamado Gabi. Los cuentos de la niñez me llamaron más la atención por el mero hecho de que son ética y moralmente más complejos. La psicología involucrada en las situaciones terribles que tiene que enfrentar Gabi es de una riqueza literaria muy particular. Por otro lado, los cuentos de la adultez se ambientan en el interior de un antro de prostitución. Las situaciones que se dan en este ambiente provocan más bien dilemas existenciales mientras que los cuentos de la niñez plantean claroscuros de supervivencia y adaptación. En todo caso, tanto en la niñez como en su vida adulta, los problemas de Gabi siempre giran en torno al mismo hoyo negro devorador: la intolerancia hacia la homosexualidad y la insensibilidad por la dignidad humana.


Así como hay un par de relatos imperfectos en esta colección, también hay otros que son de gran calidad técnica y estética. El primer relato, titulado ‘La cadena del Cano Belleza’, introduce la obra con fuerza y personalidad. Gabi escucha algunas remembranzas de un tipo problemático que se llama Cano Belleza. Podemos ver todas sus imperfecciones como persona, pero también vemos a través de los ojos y la voz narrativa de Gabi la humanidad trastocada del Cano Belleza.
Más adelante hay otro relato que sobresalta: ‘Delia y la Cautiva’. Delia es una prostituta que muere encerrada en un baño mientras que si amiga le da lata desde afuera sin saber que la otra se desangra. A través del lúdico monólogo nos impacta la ironía de saber que mientras una celebra su gran noche en la calle, la otra muere debido a la paliza que le propinó un abusador (que en el relato final sabemos de quién se trata). El cordero sacrificado, a pesar de que se trata de una prostituta, acentúa la tragedia del relato.
El último relato que deseo resaltar es ‘Cinco minutos de libertad’. En este relato nos situamos en la niñez de Gabi. Se trata de un retrato espectacular del núcleo de la familia urbana puertorriqueña interpretado por un chico adolescente homosexual. El cuento es básicamente un episodio en el que el hermano retardado o ‘especial’, como le llaman en el relato, se escapa del hogar y Gabi tiene que salir a la calle a buscarlo. Durante la breve aventura, ambos hermanos se tienen que enfrentar a la crueldad asfixiante de la comunidad que se mofa de ellos. El mero hecho de salir a la calle detona varias situaciones sumamente humillantes para el adolescente. Más allá de desvelar el prejuicio contra los homosexuales, ‘Cinco minutos de libertad’ descubre de manera hiriente la conducta e idiosincrasia barbárica de una gran porción de nuestra cultura moderna, urbana y puertorriqueña.

Mis relatos favoritos son:
‘La cadena del Cano Belleza’
‘Delia y la Cautiva’
‘Cinco minutos de libertad’

Elementos narrativos sobresalientes:
-Intratexto (los relatos comparten los mismo personajes y se solapan entre sí)
-La crudeza hiperrealista
-La brevedad
-El tono confesional

domingo, 3 de marzo de 2013

Libro vigésimoctavo: El fraile con-fabulado

El fraile con-fabulado
       de Rubis Marilia Camacho

Este pequeño libro de relatos cortos continúa la tradición intertextual bíblica y de imágenes escatológicas e inteligentes de la autora. Igual que en algunos textos de su primer libro, ‘Cuentos traidores’, Rubis Marilia Camacho se agarra de personajes del clero y de referentes bíblicos para hilvanar sus historias. En el caso de ‘El fraile con-fabulado’ todos los textos giran alrededor de un mismo personaje: el Fraile.
En la mayoría de los relatos se exploran las inquietudes espirituales del fraile cuando la autora lo expone a situaciones poco ordinarias. El detonante principal de la inquietud del Fraile es casi siempre el cuerpo. La autora logra este efecto, algunas veces a través de la suciedad y la muerte y otras veces a través del erotismo.
Ya he leído tres libros de esta autora y lo más que me llama la atención de su estilo literario es cómo hilvana las imágenes más grotescas y desagradables con una narrativa poética y una temática religiosa (o anti-religiosa).
A pesar de toda esta convulsión sensorial, el meollo de cada historia reside en la humanidad de la persona; en el caso de este libro, en la humanidad del fraile. Verdaderamente es un reto construir muchas historias alrededor de un personaje solitario e introvertido como el Fraile, pero la autora lo logra con al maestría de su estilo, al que llama literatura del encierro.
Con respecto al título, que sugiere la lectura de una serie de fábulas, aunque los relatos son breves, no se representan el género antiguo con su elemento más común: los animales que hablan.
La edición de este libro no es la mejor, pero las faltas son minúsculas y no entorpecen la lectura. Es de lectura rápida, aunque no muy ligera debido al rico lirismo y vocabulario de la autora.

Mis relatos favoritos son:
‘El telescopio del fraile’
‘Un cuerpo para el fraile’
‘La mesa del fraile’

Elementos narrativos sobresalientes:
-Intertexto con otras obras.
-Intratexto en el relato ‘La sombra de Pedro’
-Brevedad
-Introspección y psicología del personajes del fraile.


Próxima entrada: ‘Cuentos de vellonera’

viernes, 22 de febrero de 2013

Libro vigesimoséptimo: Tegucigalpa

Tegucigalpa
de Cindy Jiménez-Vera
     Tegucigalpa es un libro-juguete. El editor ha dicho que se puede leer como novela, como poesía o como una colección  de micro-cuentos. Al principio esta idea me pareció algo disparata; sin embargo, Tegucigalpa me ha demostrado que este acercamiento multigénero es una posibilidad real. Debido a esta virtud literaria, es posible realizar varias lecturas diferentes del pequeño libro de Cindy Jiménez-Vera. Naturalmente, como este blog es dedicado al cuento puertorriqueño contemporáneo, comentaré la primera lectura que le di a Tegucigalpa: los microrelatos.
     El libro está dividido en cuatro partes. La primera se titula igual que el libro: ‘Tegucigalpa’. Esta primera parte introduce el tono fantástico de la propuesta. A través de los ‘microcuentos’ vemos el origen del personaje principal: una mujer llamada Tegucigalpa. En ‘Soy la hija del mago’ una nota al calce al estilo de Jorge Luis Borges sostiene un globito apalabrado (literalmente) en donde conocemos el origen de Tegucigalpa. En el cuarto microrelato Tegucigalpa asesina a su esposo clavándole una tachuela en el trasero (su esposo es un globo). En otros relatos, sin embargo, la autora se garra del intertexto con La odisea, la obra de Gogol y los musicales de Broadway para crear otros microleratos.
     Los relatos de esta primera parte son particularmente conceptuales y hay que pensarlos un largo rato para descifrarlos, pues son rompecabezas mentales que la autora nos presenta para que nosotros mismos hagamos las historias con nuestra imaginación. También, los microrelatos de Cindy me recuerdan el estilo conceptista de Francisco de Quevedo, que relacionaba dos conceptos que tenían una palabra en común para así crear un chiste; en el caso de ‘Tegucigalpa’ no son chistes, sino microrelatos.
     La segunda parte del libro se titula ‘Ublek’ y comienza con una cita del Worstward Ho de Samuel Becket que evoca la existencia moderna e individualista: el fracasar y reintentar una y otra vez. Así, la autora muy astutamente establece un tono y hasta una atmósfera para lo que viene entonces. Aquí el tema de los microrelatos concierne al mundo real —siempre a través de la fantasía—. Los microrelatos de ‘Ublek’ son todos críticas sociales ingeniosas de la posmodernidad que van desde la guerra contra el terrorismo hasta la debacle de la industria editorial.
     Me llama la atención el epígrafe de ‘Nomograma’, que es, precisamente, un nomograma simple que esclarece la intención del experimento que realiza el protagonista. En ‘Patria’, Puerto Rico no tiene sentido. En ‘Soneto anónimo hallado en el bolsillo de un soldado ubleko me da la gana de afilar la punta del lápiz e interpretar a Filadelfia como un símbolo de la iglesias mencionada en el libro del Apocalipsis. “Sean santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16) dice Juan a su carta a la iglesia de Filadelfia, lo que me hace pensar en el suicidio patético del comediante que cita el soldado ubleko pues uno de los versos del soneto-microrelato dice “no hubo aureolas, luces, no hubo alas.” y luego “Mejor aquí que en Filadelfia...”, haciendo referencia a la guerra y la muerte irónica del soldado. Por otro, el soneto también puede referirse al poco humor del comediante al suicidarse en medio de una función. Bah! Las dos interpretaciones me gustan. ‘La lluvia’ es una payasada erudita que me hizo reír mucho. ‘82’ me provocó una ira feliz y fue mi microrelato favorito de la parte de Ublek junto con ‘79’, que son la misma cosa narrativa. Al final conocemos el misterio de la victoria de los prosistas en la guerra civil ubleka. ¡Qué viaje divertido! ¡El asombro borgeano está por todas partes!
     La tercera parte del libro, denominada ‘Letrados’, alude a los experimentos literarios que realizó José María Méndez con sus cuentos-poemas construidos con palabras que comienzan todas con la misma letra. En este caso, Cindy Jiménez-Vera es un tanto más audaz en el experimento por dos razones principales: la primera se debe a que ‘Letrados’ se compone de ocho historias, todas confeccionadas con el mismo dulce literario, y la segunda, que son todos microrelatos efectivos. Mi favorito es ‘Aviso’ pues la propia autora sentencia su abuso de la aliteración.
     En la cuarta parte nos topamos con dos citas que demonizan la inocencia, o más bien, la ingenuidad. La cuarta parte, ‘El infierno’, está compuesta por los microrelatos más convencionales que aparecen en ‘Tegucigalpa’. Para mí fue una extensión de la segunda parte, pero dedicada exclusivamente a los azares y experiencias terribles de la niñez. Aquí los niños son nigromantes, capitalistas, poetas, iconoclastas, caníbales, hechiceros, víctimas. La pregunta que me queda es: ¿Quién los ha deshumanizado? ¿Ha sido ellos mismos, o acaso fue el mundo posmoderno? Lo genial de esta parte es que los niños no son monstruos trillados, sino que sus propias acciones ‘inocentes’ tienen consecuencias terribles o sugieren personalidades trastornadas que un futuro significarán la perdición. Tampoco son consecuencias explícitas, sino que se sugieren con gran destreza pues todo lo demás sucede dentro de mi cabeza. Esto es un efecto que logran los buenos microrelatos. A pesar de la fantasía, nunca faltan los elementos y referencias al mundo real que son las que nos impresionan por su pertinencia. Por eso amo esta parte de ‘Tegucigalpa’.
     Al final del libro creo que lo único que me decepcionó un poco fue que hubiera querido saber un poco más de la ‘Tegus’. Solo un poco más. Pero esa es otra lectura diferente que podría hacer de esta cosa mutante, este juguete literario que ha creado Cindy Jiménez-Vera. Por ahora, les dejo mi noción de los ‘microrelatos’.


     Finalmente, tengo que destacar el diseño sofisticado con el que Erizo Editorial ha privilegiado sus libros. ‘Tegucigalpa’, en especial, tiene una portada espectacular que recoge gran parte del simbolismo de la primera parte del libro. Desde ‘Waltzen’, de Lina Nieves Avilés (La Secta de los Perros) no veía un diseño de libro puertorriqueño tan seductor. También tengo que felicitar a la autora por darle un giro diferente al género del microrelato y mezclar los juegos de palabras y conceptos con la erudición. Enhorabuena.

Mis ‘microcuentos’ favoritos de cada una de las cuatro partes del libro son:
‘Arroz con frijoles, plátano y huevos’ (de Tegucigalpa)
‘79’ —y también ‘82’— (de Ublek)
‘Aviso’ (de Letrados)
‘Tríptico del hambre’ (de El infierno)


Elementos narrativos sobresalientes:
-Conceptismo. Los relatos son rompecabezas juguetones de conceptos que tienen algo en común.
-Intratextualidad. Los relatos se solapan unos con otros.
-Intertextualidad. Los relatos hacen referencia a otras obras antiguas.
-Microrelatos juguetones.
-Aliteración pensada y efectiva en la tercera parte del libro.
 

Próxima entrada: El fraile confabulado

Libro vigesimosexto: Cuentos para jóvenes menores de 99 años


Cuentos para jóvenes menores de 99 años
de José Vilasuso

     Luego de una divagación prologuista, damos con el primer cuento, titulado ‘El mejor restaurante de Río Piedras’. Llama la atención el epígrafe: una carta de los platos que se sirven en el restaurante. Luego comienza a modo clásico, con una introducción un tanto lenta y apalabrada. Sin embargo, vale la pena esperar hasta las próximas escenas del cuento para ver el nacimiento de la trama: un montón de gente visita el restaurante, aunque no van a comer. Queda la incógnita latente de qué es entonces lo que la gente va a hacer al restaurante, cosa que se disfraza muy bien, precisamente, por los juegos fonéticos y aliteraciones, a veces excesivas, de la prosa de Vilasuso.
     El final definitivamente es sorpresivo, lúdico y desenfadado. El mérito de ‘El mejor restaurante de Río Piedras’ definitivamente reside en crear la interrogante sin que nos molesten demasiado las distracciones que el narrador hilvana a propósito. Al final, en parte nos engaña, en parte nos recompensa. Buen cuento, después de todo.

     El segundo cuento, ‘El hombre más feo de Bayamón’, comienza in media res, con mucha más fuerza. Vemos la trama en seguida: hay un incendio en la Plaza de Mercado. Sin embargo, de repente comienza una divagación sobre la naturaleza del protagonista feo, cosa que se desvía de la acción. A pesar de todo, la divagación a veces se torna divertida:

“...no fue nada extraño que alguno de los apasionados polemistas le transmitiera dudas tan indiscretas como: si se haría la cirugía plástica cada año, si su cráneo mongoloide rendía planilla por separado, o los colmillos de tigre se los cepillaba con dentífricos importados de Africa Ecuatorial. De inicio ante tales indiscreciones Triple nada tenía que responder.”

     Así el incendio queda como una distracción y el resto del cuento se va en las cuitas del miserable feo de Bayamón. Al final aparece un biógrafo que le entrega su libro y lo trata como ciudadano ejemplar. Sin embargo, a pesar de la salvación popular y la posible insinuación moralista, el feo no se salva de su condición; el cuento tampoco.

     Entonces encontramos un cuento excelente: ‘Cuidado con los ruidos’. Aquí seguimos a un hombre que padece de pérdida de la vista y que encuentra la salvación ocular no en trasplantes, no en operaciones con láseres, sino en unos nuevos espejuelos milagrosos. Como el protagonista es torpe, extravía el estuche y cuando regresa a la farmacia (porque no requieren receta médica) para adquirir uno nuevo, le informan que han sido retirados del mercado porque los oftalmólogos han demandado al fabricante por daños y pérdidas cuantiosas. Esta idea contrasta con el final agradable y desenfadado ya que refleja una realidad que ha sido señalada hace algún tiempo: que los intereses médicos a veces promueven el deterioro tecnológico y la salubridad barata y eficiente pues representan una amenaza a la economía profesional. Lo único que no entiendo del cuento es el título: ‘Cuidado con los ruidos’. La única conexión razonable que le encuentro vendría al final del cuento, y solo como una lúdica ironía. De todas maneras, esto es un detalle casi insignificante pues el cuento, como dije al principio, es excelente.

     En el cuarto relato, ‘Memorias de una maestra’, vemos otro genial uso del epígrafe. Esta vez se trata de una invitación de la universidad a la presentación de un nuevo libro de una de sus profesoras. Las primeras escenas son una serie de cuadros espectaculares sobre los preparativos, el preámbulo y la presentación. A pesar de que no sucede nada con respecto a la trama, las descripciones son vivas y muy familiares, pues todos hemos visto en persona lo que en el papel retrata el autor.
     El conflicto viene luego, con la preocupación de un compañero de trabajo de la universidad que le indica a la autora del libro que su publicación le traerá muchos problemas. Y el caso es que el libro parece ser una caricatura de la administración de la universidad. El tipo le recalca el vaticinio de la perdición académica, con el despido inminente incluido. Sin embargo, la autora, casi ignorándolo, al final, despacha todas estas preocupaciones con una solución elemental, graciosa y muy propia del lector puertorriqueño. Me exprimió una sonrisa este relato.

     En ‘Un cerebro en venta’ vemos a un capitalista exitoso que utiliza su fortuna para publicar un libro de ciencia ficción. La historia en sí es interesante, pero la extensa introducción y la gran cantidad de referentes a personajes importantes del mundo de la publicidad (creo) me aburrieron mucho al principio. Hay una situación que se demora en desarrollar, en parte por los diálogos fragmentados e inconsecuentes, y por otra parte también perjudican las frecuentes divagaciones pueriles. En resumidas cuentas, un diario publica un cuento que provoca un ataque en la editorial. Al final del relato hay un epílogo en el que se presenta el cuento provocador del ataque, y es, en mi opinión, la verdadera parte graciosa o genial de ‘Un cerebro en venta’.

     El último relato se titula ‘El circo de Gavetín’ y funciona como una caja china en la que se cuentan en orden de aparición los trucos y espectáculos de los diferentes integrantes del circo. Cada una de  las escenas o cuentos de ‘El circo de Gaventín’ tienen un desenlace simpático. El último, titulado ‘El tiburón invencible’, deja ver cierta tonada patriótica al final, aunque puede sonar un poco halada por los pelos. De todas maneras, son los cuentos más divertidos de ‘Cuentos para jóvenes menores de 99 años’.

Mis cuentos favoritos son:
‘Cuidado con los ruidos’
‘Memorias de una maestra’

Elementos narrativos importantes:
-Ingeniosos mini-prólogos o antesalas narrativas para la mayoría de los cuentos.
-Abuso de la aliteración y repetición de ciertos fonemas, a veces sin propósito funcional aparente.
-Estructura clásica de introducción, desarrollo y desenlace.
-Descripciones abundantes y detalladas.
-Desenlaces desenfadados y divertidos, en su mayoría.


Próxima entrada: Tegucigalpa

sábado, 21 de julio de 2012

Libro vigesimoquinto: Ficciología


Ficciología
de Nelson Esteban Vera Santiago

     Si tuviera que describir en dos palabras el libro de Nelson Esteban Vera Santiago, serían estas: denso y volátil.

     La prosa de sus cuentos es un vaivén de imágenes poéticas y diferentes situaciones. En cuentos como  ‘Palomar de Bahía’ el narrador nos sitúa en dos o tres escenas diferentes y las va hilvanando de manera independiente hasta hacerlas converger, de alguna manera.

     En ‘La torre de Micerino’ la muerte es caracterizada de manera muy poética como una jovencita seductora que viene a acabar con un anciano, y fracasa en su intento.

     ‘El retrato de Mercedita’ es una ficción del amorío de una mujer con el dictador dominicano, Rafael Leónidas Trujillo, y como eso llegó eventualmente terminó mal. El relato carga con una gran belleza descriptiva y sentimental, pero lo que más me llamó la atención es que el relato amoroso se da entre medio de una situación en donde un pintor busca a estar mujer, ya anciana, para pintarla. Se podría decir que ‘El retrato de Mercedita’ es un cuento dentro de otro cuento.

     ‘Profundidad’ es un hermoso y melancólico relato en donde una mujer buzo recuerda a su amante bajo el agua. Este es un relato que toca la homosexualidad de una manera muy literaria. También toca brevemente el tema de la enfermedad y la permanencia de la otra persona cuando las cosas se ponen difíciles en una relación. El final trágico puede recordarnos la lucha interminable de la comunidad homosexual por la legitimidad de su estilo de vida y sus derechos humanos, todo de una manera muy sutil y bella.

     Le sigue un relato mucho más atrevido y carnal titulado ‘Recreo’. Es prácticamente una escena en donde una adolescente se escapa de la escuela en la hora del almuerzo para irse con un hombre mayor y tener relacione sexuales en algún otro lado. Retrata perfectamente la ingenuidad del personaje joven y cómo el hombre mayor se aprovecha de eso para usar a la chica pubescente.

     Siguiendo la vibra juvenil, tenemos a ‘Slowhands’. En este relato un hombre joven va guiando de noche por la autopista luego de haberse endrogado con cocaína en una discoteca. El cuento alterna fragmentos de canciones relevantes con las alucinaciones divertidas del muchacho, quien lleva a Homero Simpson en el asiento de atrás, molesto porque no encuentra el control remoto de la televisión, y a su lado Osama Bin Laden, que lo acompaña en silencio, sin mirarlo, casi como un fantasma de su propio delirio. El relato termina de una manera predecible. Su vida termina con un accidente de tránsito.

     ‘Policromado’ es un relato erótico que comienza con algo de suspenso pues hay un hombre mayor desangrándose en el cuarto de un motel mientras su amante juvenil se va en una especie de retrospección de cómo lo conoció. Este relato tiene méritos, no por lo poco que dice, sino por cómo dice esa pequeña escena intensa de placer y dolor.

     ‘Circunstancias’ está construido con escenas más claras y evidentes, separadas por espacios literarios (no como en ‘Palomar de Bahía’). El tono estoico y casi cínico del relato me recuerda a los grandes relatos modernos del catalán Quim Monzó, uno de mis cuentistas contemporáneos favoritos. Lo que me deja perplejo de este relato es que en cada escena hay un personaje diferente que no tiene nada que ve con las demás escenas. A simple vista, uno podría decir que todas esas personas comparten las mismas ‘circunstancias’, pero no puedo estar seguro. No entendí el relato.

     ‘La sinfonía belga’ cuenta la historia de dos amantes, uno puertorriqueño y otro estadounidense, y de Margaret, la mujer a la que ambos aman. Los párrafos de este relato cambian de personaje de manera casi imperceptible, y eso me dificultó un poco entender la historia. Sin embargo, las oraciones está cargadas de una dulzura amarga, aquella sensación que experimentan los que se aman desde lejos. Al final, la mujer piensa que su esposo, el norteamericano, la ha abandonado cuando decide salir a promocionar su nuevo libro. En el viaje conoce al hombre puertorriqueño, conectando las tres historias de manera casi fantasmagórica. Me llama la atención de ‘La sinfonía belga’ que aunque estas personas se aman desde lejos, en cada momento vemos conexiones entre todos ellos cuando se fijan en los pequeños detalles o en las memorias de la juventud, cuando apenas se conocían. Tengo que resaltar el uso constante de frases en este relato, que no necesariamente completan una idea literaria, sino que dan matices poéticos a las remembranzas y sensaciones que emiten los personajes desde las páginas del libro.

     ‘15,145 páginas’ es relato corto que nos muestra un momento en la vida de Henry Darger. Las cosas a las que le presta atención y su pequeñas manías nos sugieren que se trata de un depredador sexual de niños y niñas, pero que pasa desapercibido, irónicamente, como un ‘loco’ común y corriente.

     ‘En casa’ es otro relato atmosférico, como ‘Miro por la ventana’ o ‘Sábado’, de Quim Monzó. Sin embargo, el tedio y la pesadez cotidiana de ‘En casa’ no llega al ‘asombro’ que decía Borges, porque al final daña toda la experiencia con una oración inentendible en donde entra un segundo personajes que no habíamos visto antes y que, aparentemente, observa al hombre del cuento en su cotidianidad. Encontré muchas oraciones literarias de gran poder. Por ejemplo, me gustaron mucho:

“Encendió la luz, los colores eran asquerosos.”

y

“Por un momento pensó dos cosas: que la manera en que inspeccionaba la casa era demasiado lenta (lo que propiciaba a un sinfín de escalofriantes posibilidades de acecho) y que lo que hacía tenía cierta lógica profiláctica…”


     En ‘Fabio’ se presenta la demencia como una enfermedad contagiosa. Primero se vuelve loco  Fabio, y después su amigo Luisillo. En cierto momento se insinúa la posibilidad de que esta locura viene de una ‘falta de madurez’ de los dos jóvenes, pero es algo que realmente no se desarrolla en el resto de la historia. Hubiera sido interesante. De todas maneras, no hace falta ya que se maneja muy bien la idea de que la locura es contagiosa. Al final vemos como Fabio se cura y otro hombre más jura que la semana que viene le toca a él ser el loco. Pienso que esto se puede interpretar de varias maneras, como la necesidad de las personas de salir de la rutina y ‘hacer locuras’, o la enajenación que uno enfrenta al hacer cosas diferentes y cómo eso nos separa del resto (clásico tema del Quijote), pero el hecho de que esta ‘enfermedad infecciosa’ solamente le de a los hombres le añade una nueva dimensión a la idea. De hecho, las mujeres esposas de ellos tienen que enfrentar esa locura de manera muy sufrida y realista, cosa que se despacha con oraciones esporádicas e inconsecuentes. De todas maneras, me parece que en este cuento hay mucho que ver, pero no seré el que analice su potencial literario, al menos no aquí.

     ‘Reglas de procedimiento para el amor en picada’. Este cuento es un cuento, y es bien diferente a lo que debe ser un cuento. O sea, no tiene una estructura ordinaria: se construye a manera de reglamento, y en las reglas se dan nociones eróticas sobre lo que es el amor de los dragones, el sexo durante una caída en paracaídas, la ruptura de la monotonía en una relación amorosa, y, además, para darle forma de relato literario, la historia hilvanada poco a poco, a pinceladas, de una instructora paracaidista y un soldado que quiere aprender a lanzarse desde las alturas. ‘Reglas de procedimiento para el amor en picada’ es un relato intrépido, muy bien logrado, gracioso, divertido, original, fresco; en fin, vale la pena comprar el libro nada más para leer esta curiosidad de relato.

     No encontré particularmente interesante el relato ‘A los prisioneros de guerra’. Si bien Vera Santiago pretende realizar algún tipo de crítica social, no me pareció contundente o trascendental (me perdonan la rima).

     ‘Adultos’ comienza con una escena erótica que resulta ser un sueño. Luego sabemos también que se trataba de un sueño erótico entre un primo y una prima. El narrador en primera persona indaga lo que es el ‘llamado de la naturaleza’ y la prospección subconsciente de un acto incestuoso futuro, que todavía no ha sucedido, pero que tiene que suceder. La parte final del cuento es más bien tierna, pero el desenlace en sí toma un giro de complicidad y perversión que —lo admito— sale de la mente del lector y cambia por tercera vez el tono de la historia.

     ‘En el cafetín de Raúl’ es otro relato escénico en donde la atmósfera pesa más que el hilo de la historia. La acción es ordinaria y apenas al final conocemos algo de lo que estaba sucediendo tras bastidores: otra aparente crítica social, esta vez hacia nuestra política isleña.

     Entonces viene otro cuento grandioso. ‘Juegos de pelota’ al principio tiene el mismo aire cotidiano y escénico de otros cuentos de ‘Ficciología’, pero entonces cobra una intensidad escalofriante al final. Un hombre recibe la noticia de su esposa de que el pago de la hipoteca está cerca, no hay comida en la casa y, que está embarazada. El hombre, mientras tanto, sigue viendo un juego de pelota y le informa a su esposa que al día siguiente irá a jugar un partido con sus amigos. Luego nos enteramos de que el hombre y sus compañeros se dedican a cruzar indocumentados que vienen por el mar a cambio de un pago monetario. La frialdad con que se maneja este procedimiento, incluyendo la decisión de echar al agua a un hombre al que un tiburón le arrancó una pantorrilla, le dan ese toque asombroso y trascendental a ‘Juegos de pelota’.

     Al final del relato titulado ‘El insulto del medio día’ literalmente estuve tratando de separar la página siguiente en dos porque creía que el cuento todavía no se había acabado. Esta historia está incompleta; no funciona como está.

     ‘La letra’ comienza divagando un poco, aunque pronto nos topamos con este diálogo:

     “—¿Le gusta la literatura checa—fue la primera idiotez que se me ocurrió.
     —NO. —dijo él.
     —¿Qué busca?
     —Una letra en la cual está encerrado Dios.”

     Lamentablemente, el relato termina de una manera superflua pues, aunque el hombre logró encontrar la letra que buscaba después de muchos años, nada parece haber cambiado realmente. La solución se nos regala y el conflicto parece esfumarse del cuento.

     ‘Sube y baja’ fue un cuento que me dio órdenes. No le hice caso.

     ‘Soledad del tiempo’ es un relato que pretende, aparentemente, crear un puente literario entre la vida de una mujer moderna, profesional y exitosa, con la vida perdida en un pueblito de la montaña. Realmente no entendí el desenlace, en donde la mujer parece haber muerto, pero entonces se ve a sí misma llorando dentro del carro mientras considera meterse de nuevo a la vieja casa. Bah!

     Así el libro se diluye en un rabo de cuentos cortos que no tiene la misma fuerza de los primeros relatos, los cuales están construidos con más cuidados y fueron mucho mejor pensados. ‘Break pal’ café’ explora el desencanto de las parejas luego de varios años de estar casados, y ‘La mosca’ y ‘Fetiche’ apenas me llamaron la atención. Ficciología termina con un relato titulado ‘Ser ficciólogo…’, que utiliza el recurso literario de las notas al calce, y que tanto odio. Solo ha habido un autor que me ha impresionado con el uso adecuado de este recurso, y ese era Jorge Luis Borges con su ‘Tlon, Uqbar, Orbis Tertius’, incomparable, realmente, y que muchos han tratado de imitar sin lograr el mismo efecto.

     Aparte de ese traspiés final, Ficciología es una gran libro de relatos. Tiene poesía y creatividad. Explora los cuentos situaciones, que fluyen casi como escenas cinematográficas; también entrega varios cuentos que exploran la sicología de los personajes, y no realmente lo que está sucediendo físicamente en el relato.

     ‘Ficciología’ es parte de la Colección Premios de Literatura 2010, del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Probablemente los relatos de Vera Santiago fueron publicados tal y como fueron presentados para la evaluación del premio pues hay muchos errores ortográficos y gramaticales a través del libro. Sin embargo, no se hace la salvedad en ningún momento.

Me han gustado casi todos los relatos de Ficciología. Podría resaltar estos pocos, más bien por mis gustos personales, y no por restarle mérito a los demás:

‘El retrato de Mercedita’
‘Profundidad’
‘Fabio’
‘Reglas de procedimiento para el amor en picada’
‘Juegos de pelota’

Elementos narrativos importantes:
-La brevedad; son relatos cortos.
-El estilo cinematográfico de algunos de los relatos que se mueven a través de escenas muy visuales, como en ‘Palomar de Bahía’ y ‘Circunstancias’.
-La anticipación del desenlace de manera inteligente y efectiva.
-El tono juvenil y moderno de casi todas las historias.
-El lenguaje fresco, intrépido y, a pesar de todo, digerible.


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