lunes, 16 de enero de 2012

Libro cuarto (o la habitación con forma de cuaderno): La vida a ratos


La vida a ratos
de Christian Ibarra

     Este sería el primer libro de microrelatos que he leído. Me fascinan los microrelatos; también muchos de este pequeño libro. Aparte del arte narrativo breve, me gustan dos cosas adicionales con respecto a esta edición: el escritor es joven, la editorial también. Esto es un ejemplo vivo de lo que venía farfullando en la primera entrada de este blog pretencioso. Algunos nos preocupamos por crear y publicar fuera de los estratos convencionales de la experiencia propia. Y funciona. Funciona muy bien.

      Aunque podría ser fácil incurrir en la práctica  desgraciada (me perdonan) de leer las breves líneas de relatos una detrás de la otra, es necesario procurar la pausa, la paciencia, digerir cada palabra del microrelato, porque cada palabra hilvana con precisión un antes y un después imaginarios que desatan, al final de la introspección, cuando entendemos, esa sensación legítimamente orgásmica de comprender (o sentir que comprendemos) el microrelato que tenemos en mano. Ibarra evidentemente domina esta denominada técnica del ‘iceberg’.

     A través de la técnica vamos descubriendo las numerosas imágenes diarias, cotidianas, poderosas en los ratos vitales de los personajes de Ibarra. Sus cuentos son predominantemente juveniles, y sin culpa, con toda la intención, porque nos sumergen dentro de la mente de adultos jóvenes (‘El ladrón’), adolescentes (‘La vieja, el tiempo’, ‘El té’, ), y hasta niños (‘La poeta’, ‘Lunes’). Pero también abundan los relatos con personajes adultos, los señores y las señoras (‘La cartero’), inclusive los ancianos (‘Fin de estación’), y hasta el solapamiento de las edades y sus circunstancias (‘Dato curioso’, ‘Esa mano’, ‘La casa y la lluvia’). También tenemos un relato dedicado a la muerte (‘Mañana’), pero se nos ha quedado uno para el comienzo de la vida. De todas maneras, es evidente que el autor nos mueve a lo largo de las vidas; y de la vida, fácilmente se adapta a la mentalidad de las edades y a través de cada cosmovisión determina una idiosincrasia adecuada, y nos la hace creer, todo en un pequeño párrafo, en una mera oración. De veras, las palabras son poderosas cuando tienen a una mente humana que les preste atención.

     Desafortunadamente, este es un libro que fácilmente puede pasar desapercibido. Es un libro pequeñito, el formato de las páginas, vamos a decirlo, es ordinario. Nada de esto le resta a la calidad del trabajo, pero desanima al consumidor de literatura que, por más inteligencia que convoque a la hora de realizar su próxima adquisición literaria, es consumidor al fin y al cabo, y una buena presentación de cualquier otro libro le roba la luz a este. Esa es mi opinión estética. También sucede que lo compré usado -el único ejemplar que quedaba- y hasta tenía una mancha de algo, café o humedad. No sé. Pero el libro me vino bien recomendado. La comunicación salva vidas.

     Finalmente, quiero develar también algo inadecuado, a mi entender aficionado, sobre el relato innecesariamente fragmentado, ‘Fin de estación’. Cuando se unen los once pedacitos narrativos que le siguen, uno consigue un excelente cuento corto. El problema que tengo es que muchos de estos pedacitos, de por si solos, no nos dicen mucho. No funcionan como microrelatos, y hubiese funcionado mejor si se hubiesen colocado como escenas de un mismo cuento, y no como cuentos separados que nos construyen, al final, un ‘supercuento’, por llamarlo más grande. Creo que es justo decir que el antes y después de estos fragmentos narrativos no está en nuestras mentes, sino en las páginas que lo rodean. Sospecho que esto puede arreglarse con una mejor edición, aunque es obvio que la fragmentación es a propósito.

     La vida a ratos es una excelente adquisición para los amantes de la síntesis, la brevedad y la reflexión. También es un libro económico, tanto en palabras como en dinero, si todavía pueden conseguir un ejemplar de esta edición de Aventis.

Mis relatos favoritos han sido:
-‘La poeta’
-‘Otra vez’
-‘Dato curioso’
-‘El ladrón’
-'Breve instrucción para escribir un microcuento’

Elementos predominantes
-El ‘iceberg’ (o el antes y después imaginario)
-Elipsis
-Retruécano


Libro quinto: Cuentos traidores

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