miércoles, 22 de junio de 2016

Libro cuadragésimo quinto: Los molinos de doña Elvira

Los molinos de doña Elvira
de Luccia Reverón

Contrario a la tendencia popular en la literatura puertorriqueña, el personaje del anciano toma protagonismo en todos los cuentos de esta obra. Además, tampoco se enfoca en los aspectos grotescos que usualmente plagan la caracterización de estos personajes, sino que doña Elvira es una mujer simpática que vive una vida más o menos cotidiana.

Como bien anuncia el título del libro al evocar la locura del legendario Don Quijote cuando enfrentó a los molinos de viento, ya sabemos de entrada que doña Elvira también está un poco mal de la cabeza. La autora hizo bien en narrar los cuentos en primera persona pues de esta forma logra ocultar un poco los problemas mentales de su protagonista. A través del punto de vista de doña Elvira, veremos situaciones alocadas disfrazadas sutilmente bajo el razonamiento benévolo de una anciana que vive con su sobrino.



Con la sinopsis del libro, Luccia Reverón anuncia su intención de construir lo que ha llamado una “cuenvela”, o una novela construido a partir de cuentos. Para acuñar el término, ha delimitado unas reglas particulares: los personajes de todos los cuentos deben ser los mismos, las historias deben estar enlazadas de alguna forma, ya sea a través de la intratextualidad o algún tipo de elipsis, y quizás con menos rigor, que el libro contenga ocho relatos (la misma cantidad de letras que tiene el neologismo “cuenvela”).

En este experimento literario la autora acierta con la utilización de recursos y personajes poco explorados. Doña Elvira conduce la trama de los ocho relatos individuales de Los molinos... Evita los lugares comunes de la náusea y desesperanza típicamente asociados con estos personajes marginados, como también el impulso fácil de convertirlos en caricaturas. El personaje lleva una vida normal, con sus problemas de salud y prejuicios generaciones, pero tiene una actitud optimista, se pone retos y trabaja para lograrlos. De cierta forma, la autora reivindica la presentación de uno de los arquetipos más estereotipados en la literatura: el de la anciana loca.

Los molinos de doña Elvira es una colección de relatos amena que da un giro desenfadado a una literatura poco trabajada en Puerto Rico. Además, propone una nueva forma de escribir libros de cuentos: una en la que las tramas individuales apuntan a una sorpresa más grande que el lector puede descubrir al disfrutar la totalidad del libro.

Mis relatos favoritos son:
-Convergencia en el tiempo
-Tiempos modernos

Elementos literarios sobresalientes:
-La propuesta de una “cuenvela”
-La intratextualidad

-El personaje del anciano

lunes, 7 de marzo de 2016

Libro cuadragésimo cuarto: Cuentos tan cortos que no aburren

Cuentos tan cortos que no aburren
de Ricardo Martí Ruiz

Esta peculiar colección de relatos cortos es diferente a la inmensa mayoría en al menos un aspecto: la voz narrativa. Hoy día los autores se preocupan mucho por la corrección—pero no me refiero solamente a la corrección ortográfica y gramatical, sino también a lo que llaman la “corrección política”. Me refiero a un término prestado del inglés que indica la intención de apelar a la inclusión y la “igualdad” (realmente se refieren a la justicia, pero bueno...), diría yo. Esto suena muy bonito, pero en la mayoría de las veces me parece que termina atrofiando y restándole valor al trabajo artístico por ser un elemento forzado en la estética. No es el caso de Cuentos tan cortos que no aburren.

Leer este libro es una experiencia similar a sentarse a conversar con un pana mientras te bebes dos o tres cervezas bien frías. Van a hablar sin la preocupación de que alguien más los juzgue. Se sienten en confianza. En este sentido, el autor es bastante osado porque adopta un estilo despreocupado a consciencia. De hecho, en la primera página de información técnica sobre el libro hay una nota del autor que advierte ciertas licencias estilísticas que se ha tomado para evitar, precisamente, que su libro sea interpretado como una obra machista o una crítica a los que empleamos normalmente las formas gramaticales de género. El autor comprende muy bien el riesgo que se ha tomado, aunque inevitablemente pueda caer mal a algunas personas más progresistas. A mí no me molesta.


Como bien anuncia el título del libro, la mayoría de los cuentos incluidos son breves, aunque ninguno tiene las características de un microrelato. Están hilvanados con erotismo y violencia, con fantasías posibles y situaciones extremas que aportan al tono lúdico, y a veces irónico. Usualmente este estilo viene cargado de un cinismo atroz que requiere una perspicacia de parte del lector para descifrar las verdaderas intenciones del narrador, pero en Cuentos tan cortos que no aburren la narración es simple, clara y efectiva. La voz narradora en todos los cuentos es muy sincera excepto, quizás, en “El titán”, que aparenta sugerir alguna posibilidad oscura en la vida de un personaje histórico de la música puertorriqueña.

De lenguaje sencillo, tramas osadas y personajes excéntricos, Cuentos tan cortos que no aburren se sirve de la simpatía callejera, que a la misma vez funciona como aliciente del peligro y el misterio, para fomentar y sostener el interés del lector por la lectura de esta colección de relatos. Si bien no es un libro que le pueda agradar a todo el mundo, en especial por su sinceridad e irreverencia, cualquiera que tenga un buen sentido del humor y una mentalidad abierta lo podrá disfrutar a cabalidad como una alternativa a las corrientes contestatarias que predominan fuertemente en la literatura puertorriqueña contemporánea.

Mis relatos favoritos son:
"Conversación con dios"
"La telefónica, por Kafka"
"La fórmula"

Elementos narrativos predominantes:
-Brevedad
-Lenguaje simple
-Erotismo
-Ludismo

sábado, 23 de enero de 2016

Libro cuadragésimo tercero: Las camelias de Amelia

Las camelias de Amelia
de Zoé Jiménez Corretjer

Hace algún tiempo—más de lo que me gustaría admitir—tuve un mentor que ahora es un buen amigo y me dijo que mi forma de escribir se parecía mucho al de una amiga suya. Apunté el nombre y el título: Zoé Jiménez Corretjer, Las camelias de Amelias. Sabía que tenía que leerla, pero cuando la busqué en las librerías locales no conseguí el título. Hace poco estuve comprando algunos libros en la tienda digital de Amazon y vi Las camelias de Amelia en la lista de sugerencias. De inmediato recordé las palabras de mi profesor y lo compré.

Al leer el primer cuento del libro pude comprender el comentario de mi antiguo profesor. Aparte de la calidad o el interesante contenido de Las camelias de Amelia, esta obra me enganchó emocionalmente porque hasta entonces no había leído a otro autor puertorriqueño que viera el mundo de la manera en que Jiménez Corretjer lo hace. Tomando en cuenta que siempre es más difícil hablar de uno mismo que de otra persona, se me hace un poco complicado describir el estilo de la autora en cuestión porque siento que también estoy hablando un poco de mí. Al menos en Las camelias de Amelia, que es el único de muchos libros de la autora que he leído, existe un trasfondo hiperrealista, crudo y a veces hasta obsceno, que se reviste mágicamente de elementos fantásticos que le infunden un sentido lírico muy extraño. Digo extraño porque aunque comparte elementos de varios estilos literarios, no se parece al realismo mágico ni al naturalismo crudo.  Aunque la propia terminología es contradictoria, se le podría llamar hiperrealismo fantástico. Al menos con Zoé Jiménez Corretjer, al verlo en texto es fácil comprender que algo así realmente es posible y funciona.

Creo que la obra también me llamó la atención porque siempre hubo quien intentó disuadirme de escribir como lo hacía. Digo que lo hacía, porque aunque nunca he abandonado mi interés por lo fantástico y el lenguaje lírico—o musical, como me gusta llamarlo—, sí he adoptado una forma un poco más sobria, menos volátil, y me molesto conmigo mismo al darme cuenta de que he perdido algo de esa magia. Por otro lado, me regocija saber que tengo compatriotas con una percepción literaria introspectiva, liberadora y espontánea. No todos sabemos presentar una propuesta literaria con la sinceridad de Jiménez Corretjer.

Para hablar un poco más del texto, aparte del contenido fantástico, el lenguaje lírico y la ambientación hiperreal, Las camelias de Amelia tiene algunos temas en común con la cosmovisión literaria puertorriqueña actual. El feminismo, la raza, el clasismo y la cotidianidad se exponen de forma contestataria. La voz de todos los relatos es predominantemente femenina y tiene una subconsciencia que va al detalle quirúrgico de lo que es ser mujer. Las descripciones son muy líricas y contrastan diametralmente con las imágenes crudas y situaciones estresantes de algunos relatos. Esta polarización estilística entre el fondo y la forma aportan un gran peso al mencionado hiperrealismo fantástico en donde los fetos abortados se convierten en árboles llorones y los amantes secretos en carne para guisar.

Algunos relatos son mucho más sublimes. El tema de la maternidad existe como un sustrato narrativo de algunas tramas en Las camelias de Amelia. A veces se presenta con una dulzura que lastima debido a la belleza de la ingenuidad imposible del protagonista y otras veces se desborda con un cinismo a propósito que funciona como respuesta salvadora del protagonista. En ambos casos, no son más que representaciones absurdistas de la condición humana y del sufrimiento inherente como resultado de sentirse vivo. Más allá de hablar de la mujer o de la madre, la autora de Las camelias de Amelia comunica una admiración contemplativa, casi silenciosa, por la supervivencia.

No puedo afirmar que Las camelias de Amelia sea un libro de cuentos pesimistas o dedicado al nihilismo destructivo. Tiene momentos hermosos respaldados por la fantasía y el lirismo. De cierta forma, celebra la maternidad y la feminidad a través de sus protagonistas sin olvidarse de las injusticias y fealdades que también acompañan a cualquier personaje multidimensional. Zoé Jiménez Corretjer tiene un estilo diferente al de la corriente puertorriqueña actual con el que enriquece nuestro imaginario creativo. Al releer mis comentarios, me percato de que he estado hablando como escritor en lugar de lector, pero como dije al principio, este libro me enganchó de otra manera. Las camelias de Amelia es una muestra de las posibilidades literarias que podemos disfrutar en Puerto Rico sin necesidad de desconectarnos de los asuntos más vigentes que todos desean ver plasmados en el arte contemporáneo. La autora demuestra una gran sensibilidad artística sin pretender una "corrección política". Su objetivo final, después de todo, es la pura sinceridad.

Mis relatos favoritos son:
“El vellón de Muller”
“La falsificadora”
“La hostia”
“La mujer y el viento”

Elementos literarios predominantes:
-El lenguaje lírico
-El trasfondo hiperrealista
-Personajes y tramas fantásticas
-El feminismo

-La maternidad

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Libro cuadragésimo segundo: La casa en que vivo no tiene dirección

La casa en que vivo no tiene dirección
de Hugo Rodríguez Díaz

En su primera colección de relatos, “La casa en que vivo no tiene dirección”, el escritor Hugo Rodríguez Díaz demuestra una sensibilidad literaria que contrasta genialmente con el recurrente foco jurídico de varios de sus relatos y su trasfondo académico en Derecho.

El título en sí de la colección hace referencia a una jocosa paradoja que viven algunos residentes de zonas rurales. En lo que se podría llamar el relato principal del libro, el autor enmarca literariamente, de forma tragicómica, la odisea jurídica que sufre un acusado al intentar explicarle al juez que la casa en que vive no tiene dirección. De esta forma, anuncia parte de la temática de la colección que se refleja en cuentos como “¿Qué pasó con Vidal Santiago?”, “La tercera mordida de Macho”, “La muerte de Joseph Martin” y “Novación”.

Como buen escritor, el autor se las arregla para formar tramas interesantes a partir de una temática que fácilmente podría resultar árida o sumamente técnica. Hugo Rodríguez Díaz evita regodearse en su conocimiento profesional sin subestimar al lector; al mismo tiempo caracteriza personajes interesantes con problemas de vida complejos.

Curiosamente, mis dos relatos favoritos de la colección tienen poco o nada que ver con el tema central de lo jurídico. Pienso que son los mayores aciertos del libro porque tienen a los personajes con mayores dimensiones y los dilemas más humanos o realistas. El autor los crea sin pasar juicios o lecciones de ningún tipo. Lo que le sucede a los protagonistas de “Lucidez de una corbata engañosa” y “Un lector voraz” son las consecuencias naturales y reales de sus problemas. El primero sigue la tradición del desdoblamiento al estilo de Julio Cortázar y el segundo aprovecha la vigencia del hiperrealismo posmoderno.

Una excelente selección de cuentos y una edición bien cuidada le confieren a esta primera obra literaria de Hugo Rodríguez Díaz la calidad necesaria para emprenderse de forma exitosa en el mundo literario de Puerto Rico. “La casa en que vivo no tiene dirección” es un libro genuino e interesante. Ojalá veamos más trabajos creativos de este nuevo autor puertorriqueño.

Mis relatos favoritos son:
“Lucidez de una corbata engañosa”
“Un lector voraz”

Elementos literarios sobresalientes:
-La tragicomedia en muchos de los relatos.
-La retrospección en “La muerte de Joseph Martin”.
-El desdoblamiento en “Lucidez de una corbata engañosa”.
-El hiperrealismo en “Un lector voraz”.
-Incorporar artísticamente el tecnicismo jurídico a lo literario.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Libro cuadragésimo primero: Laberintos de miedo

Laberintos de miedo
de Roberto Santiago Ayala

Laberintos de miedo es la primera propuesta narrativa del escritor Roberto Santiago Ayala. Su estilo está muy arraigado a la estructura clásica del relato breve, pero contiene personajes del populacho que se desenvuelven en situaciones cotidianas que le pueden suceder a cualquiera. El enfoque unitario del libro de cuentos reside, quizás, en la presentación de algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia y la adicción a las compras, retratadas en los conflictos de los personajes principales.

El libro está dividido en dos secciones. La primera contiene trece cuentos de estilo clásico y la segunda, titulada “Cuentos cortos”, contiene dos micro relatos, todos bajo la misma temática universal del miedo y las enfermedades mentales. Lo curioso de Laberintos de miedo es que el autor ha trazado un paralelo entre un estilo y temática primordial (el miedo) y un tema bastante moderno, que son las enfermedades mentales. Ya sea que haya una intención creativa o que la comparación sea una casualidad, el trasfondo literario de la obra podría servir alguna oportunidad argumentativa sobre la relación de causa y efecto de muchas enfermedades mentales con el miedo de las personas; o hablando más claramente, con el retraimiento y la introversión emocional.

Se podría decir que los personajes cotidianos presentados en Laberintos de miedo están enfermos de la mente por creer demasiado en supersticiones, ser fanáticos o materialistas. Si este es el caso, el libro entonces sugiere de forma muy implícita una problemática de subconsciente colectivo que usualmente se trabaja a través del hiperrealismo o la sátira, pero rara vez con modelos clásicos de narrativa breve y estructura simple.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Libro cuadragésimo: Kuolema

Kuolema: cuentos que se escapan de la muerte
de Jaime L. Marzán Ramos

El segundo libro de cuentos de Jaime L. Marzán Ramos trae un gran giro temático y estilístico. En su primera colección de relatos, Equus rex, el autor desarrolló a cabalidad una temática muy inusual sobre caballos y caballistas. Ahora, en Kuolema, el autor enfila su pluma con la literatura de la muerte y produce un trabajo narrativo repleto de lirismo.

Kuolema incluye muestras de narrativa breve y micro relatos desarrollados en torno a una inquietud fundamental por la muerte. El tema universal usualmente viene enmarcada dentro de la seducción, la cual, a su vez, desemboca en el suicidio o el rapto sobrenatural (por ejemplo, “La visita”); también estamos acostumbrados a ver al héroe que lucha a toda costa por escapar de la muerte o, incluso, vencerla. Sin embargo, Jaime L. Marzán Ramos propone otras formas de verla. En algunos de sus relatos, la muerte se vuelve su amiga (o amigo; “Obituarios”, “Mis muertos”); en otros, el protagonista se mofa de ella o, incluso, la ningunea (“¡Que viva la muerte!”, “El epitafio de KNK”). El autor explora todos los acercamientos, desde lo trágico hasta lo cómico, desde lo sensual hasta lo político. La fragilidad de los protagonistas trasciende el argumento tedioso de la insignificancia de la vida y, más bien, parece invitarnos a la introspección para comparar el valor que le damos a nuestras propias vidas versus el valor que le damos a las cosas que hacemos durante nuestras vidas. En otras palabras, muchos relatos de Kuolema plantean el valor de una vida en relación a la calidad de vida.

Los cuentos que se escapan de la muerte también denotan una preocupación del autor por los asuntos del futuro. Acorde con el tema principal, la proximidad o inmediatez de lo inevitable es un atractivo literario que el autor trabaja en repetidas ocasiones desde un acercamiento que abarca diferentes posibilidades (por ejemplo, “El ministro y el periodista”, “El último Homo sapiens”). Ya habíamos visto un atisbo del tema en el relato final de Equus rex y, evidentemente, es algo que ha permanecido en el imaginario creativo de Jaime L. Marzán Ramos con excelentes resultados. Vale comentar que, desde luego, el autor trabaja los relatos históricos con igual maestría, como ya hemos visto en sus dos novelas (Mercedes y Rita); tanto que algunos de sus cuentos históricos (por ejemplo, “El prisionero de Serapio” y “Las garzaguanés”) son de los mejores en Kuolema.

Si disfrutan la narrativa breve, los micro relatos y el atractivo milenario de la muerte en todas sus posibles vertientes, Kuolema es una lectura novedosa que disfrutarán de principio a fin. Si todavía no lo han hecho, dense la oportunidad de conocer la literatura de Jaime L. Marzán Ramos. ¡Enhorabuena por la literatura puertorriqueña!

Mis relatos preferidos son:
“El último Homo sapiens
“Las garzaguanés”
“Los manchesters”

Elementos literarios destacados:
-La prosa lírica
-La brevedad
-La visión de los futuros posibles
-El relato histórico
-La fábula en “El búho estercolero”
-La segunda persona narrativa en “Asunto concluido” y “Vicente”

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Interludio cuarto: El cantar de los morfales

Decidí aprovechar esta pausa luego de otra decena de entradas en mi blog para anunciar con mucha alegría la publicación de mi primera novela, El cantar de los morfales: Anatema despierta.

Se trata de la primera épica fantástica sobre las razas hermanas y sus destinos. Sepan que ya tengo preparado el manuscrito de la siguiente novela, aunque eso ya vendrá muy después.

Para lograr esto me tomé casi cinco años (bueno, a ratos) en idear el mundo y la trama de El cantar de los morfales y cuatro más en escribir y revisar la primera novela. Aunque Anatema despierta es de extensión normal (unas 230 páginas), el alcance de su historia es sumamente abarcador. Me tomó demasiado tiempo por varias razones, pero, como decimos cuando estamos satisfechos, de veras que valió la pena.


Anatema despierta es la base de muchas grandes historias que vendrán luego, así que esta publicación es una excelente oportunidad para que conozcan los reinos fantásticos de Granbriza, Viaoblivia y Noden-Loriel, así como sus razas, criaturas misteriosas y los cantares épicos de los héroes y poetas que determinan el curso de la historia.

El cantar de los morfales: Anatema despierta ya está disponible en Amazon, CreateSpace eStore, y muy pronto estará a la venta en librerías de Puerto Rico.