sábado, 21 de julio de 2012

Libro vigesimoquinto: Ficciología


Ficciología
de Nelson Esteban Vera Santiago

     Si tuviera que describir en dos palabras el libro de Nelson Esteban Vera Santiago, serían estas: denso y volátil.

     La prosa de sus cuentos es un vaivén de imágenes poéticas y diferentes situaciones. En cuentos como  ‘Palomar de Bahía’ el narrador nos sitúa en dos o tres escenas diferentes y las va hilvanando de manera independiente hasta hacerlas converger, de alguna manera.

     En ‘La torre de Micerino’ la muerte es caracterizada de manera muy poética como una jovencita seductora que viene a acabar con un anciano, y fracasa en su intento.

     ‘El retrato de Mercedita’ es una ficción del amorío de una mujer con el dictador dominicano, Rafael Leónidas Trujillo, y como eso llegó eventualmente terminó mal. El relato carga con una gran belleza descriptiva y sentimental, pero lo que más me llamó la atención es que el relato amoroso se da entre medio de una situación en donde un pintor busca a estar mujer, ya anciana, para pintarla. Se podría decir que ‘El retrato de Mercedita’ es un cuento dentro de otro cuento.

     ‘Profundidad’ es un hermoso y melancólico relato en donde una mujer buzo recuerda a su amante bajo el agua. Este es un relato que toca la homosexualidad de una manera muy literaria. También toca brevemente el tema de la enfermedad y la permanencia de la otra persona cuando las cosas se ponen difíciles en una relación. El final trágico puede recordarnos la lucha interminable de la comunidad homosexual por la legitimidad de su estilo de vida y sus derechos humanos, todo de una manera muy sutil y bella.

     Le sigue un relato mucho más atrevido y carnal titulado ‘Recreo’. Es prácticamente una escena en donde una adolescente se escapa de la escuela en la hora del almuerzo para irse con un hombre mayor y tener relacione sexuales en algún otro lado. Retrata perfectamente la ingenuidad del personaje joven y cómo el hombre mayor se aprovecha de eso para usar a la chica pubescente.

     Siguiendo la vibra juvenil, tenemos a ‘Slowhands’. En este relato un hombre joven va guiando de noche por la autopista luego de haberse endrogado con cocaína en una discoteca. El cuento alterna fragmentos de canciones relevantes con las alucinaciones divertidas del muchacho, quien lleva a Homero Simpson en el asiento de atrás, molesto porque no encuentra el control remoto de la televisión, y a su lado Osama Bin Laden, que lo acompaña en silencio, sin mirarlo, casi como un fantasma de su propio delirio. El relato termina de una manera predecible. Su vida termina con un accidente de tránsito.

     ‘Policromado’ es un relato erótico que comienza con algo de suspenso pues hay un hombre mayor desangrándose en el cuarto de un motel mientras su amante juvenil se va en una especie de retrospección de cómo lo conoció. Este relato tiene méritos, no por lo poco que dice, sino por cómo dice esa pequeña escena intensa de placer y dolor.

     ‘Circunstancias’ está construido con escenas más claras y evidentes, separadas por espacios literarios (no como en ‘Palomar de Bahía’). El tono estoico y casi cínico del relato me recuerda a los grandes relatos modernos del catalán Quim Monzó, uno de mis cuentistas contemporáneos favoritos. Lo que me deja perplejo de este relato es que en cada escena hay un personaje diferente que no tiene nada que ve con las demás escenas. A simple vista, uno podría decir que todas esas personas comparten las mismas ‘circunstancias’, pero no puedo estar seguro. No entendí el relato.

     ‘La sinfonía belga’ cuenta la historia de dos amantes, uno puertorriqueño y otro estadounidense, y de Margaret, la mujer a la que ambos aman. Los párrafos de este relato cambian de personaje de manera casi imperceptible, y eso me dificultó un poco entender la historia. Sin embargo, las oraciones está cargadas de una dulzura amarga, aquella sensación que experimentan los que se aman desde lejos. Al final, la mujer piensa que su esposo, el norteamericano, la ha abandonado cuando decide salir a promocionar su nuevo libro. En el viaje conoce al hombre puertorriqueño, conectando las tres historias de manera casi fantasmagórica. Me llama la atención de ‘La sinfonía belga’ que aunque estas personas se aman desde lejos, en cada momento vemos conexiones entre todos ellos cuando se fijan en los pequeños detalles o en las memorias de la juventud, cuando apenas se conocían. Tengo que resaltar el uso constante de frases en este relato, que no necesariamente completan una idea literaria, sino que dan matices poéticos a las remembranzas y sensaciones que emiten los personajes desde las páginas del libro.

     ‘15,145 páginas’ es relato corto que nos muestra un momento en la vida de Henry Darger. Las cosas a las que le presta atención y su pequeñas manías nos sugieren que se trata de un depredador sexual de niños y niñas, pero que pasa desapercibido, irónicamente, como un ‘loco’ común y corriente.

     ‘En casa’ es otro relato atmosférico, como ‘Miro por la ventana’ o ‘Sábado’, de Quim Monzó. Sin embargo, el tedio y la pesadez cotidiana de ‘En casa’ no llega al ‘asombro’ que decía Borges, porque al final daña toda la experiencia con una oración inentendible en donde entra un segundo personajes que no habíamos visto antes y que, aparentemente, observa al hombre del cuento en su cotidianidad. Encontré muchas oraciones literarias de gran poder. Por ejemplo, me gustaron mucho:

“Encendió la luz, los colores eran asquerosos.”

y

“Por un momento pensó dos cosas: que la manera en que inspeccionaba la casa era demasiado lenta (lo que propiciaba a un sinfín de escalofriantes posibilidades de acecho) y que lo que hacía tenía cierta lógica profiláctica…”


     En ‘Fabio’ se presenta la demencia como una enfermedad contagiosa. Primero se vuelve loco  Fabio, y después su amigo Luisillo. En cierto momento se insinúa la posibilidad de que esta locura viene de una ‘falta de madurez’ de los dos jóvenes, pero es algo que realmente no se desarrolla en el resto de la historia. Hubiera sido interesante. De todas maneras, no hace falta ya que se maneja muy bien la idea de que la locura es contagiosa. Al final vemos como Fabio se cura y otro hombre más jura que la semana que viene le toca a él ser el loco. Pienso que esto se puede interpretar de varias maneras, como la necesidad de las personas de salir de la rutina y ‘hacer locuras’, o la enajenación que uno enfrenta al hacer cosas diferentes y cómo eso nos separa del resto (clásico tema del Quijote), pero el hecho de que esta ‘enfermedad infecciosa’ solamente le de a los hombres le añade una nueva dimensión a la idea. De hecho, las mujeres esposas de ellos tienen que enfrentar esa locura de manera muy sufrida y realista, cosa que se despacha con oraciones esporádicas e inconsecuentes. De todas maneras, me parece que en este cuento hay mucho que ver, pero no seré el que analice su potencial literario, al menos no aquí.

     ‘Reglas de procedimiento para el amor en picada’. Este cuento es un cuento, y es bien diferente a lo que debe ser un cuento. O sea, no tiene una estructura ordinaria: se construye a manera de reglamento, y en las reglas se dan nociones eróticas sobre lo que es el amor de los dragones, el sexo durante una caída en paracaídas, la ruptura de la monotonía en una relación amorosa, y, además, para darle forma de relato literario, la historia hilvanada poco a poco, a pinceladas, de una instructora paracaidista y un soldado que quiere aprender a lanzarse desde las alturas. ‘Reglas de procedimiento para el amor en picada’ es un relato intrépido, muy bien logrado, gracioso, divertido, original, fresco; en fin, vale la pena comprar el libro nada más para leer esta curiosidad de relato.

     No encontré particularmente interesante el relato ‘A los prisioneros de guerra’. Si bien Vera Santiago pretende realizar algún tipo de crítica social, no me pareció contundente o trascendental (me perdonan la rima).

     ‘Adultos’ comienza con una escena erótica que resulta ser un sueño. Luego sabemos también que se trataba de un sueño erótico entre un primo y una prima. El narrador en primera persona indaga lo que es el ‘llamado de la naturaleza’ y la prospección subconsciente de un acto incestuoso futuro, que todavía no ha sucedido, pero que tiene que suceder. La parte final del cuento es más bien tierna, pero el desenlace en sí toma un giro de complicidad y perversión que —lo admito— sale de la mente del lector y cambia por tercera vez el tono de la historia.

     ‘En el cafetín de Raúl’ es otro relato escénico en donde la atmósfera pesa más que el hilo de la historia. La acción es ordinaria y apenas al final conocemos algo de lo que estaba sucediendo tras bastidores: otra aparente crítica social, esta vez hacia nuestra política isleña.

     Entonces viene otro cuento grandioso. ‘Juegos de pelota’ al principio tiene el mismo aire cotidiano y escénico de otros cuentos de ‘Ficciología’, pero entonces cobra una intensidad escalofriante al final. Un hombre recibe la noticia de su esposa de que el pago de la hipoteca está cerca, no hay comida en la casa y, que está embarazada. El hombre, mientras tanto, sigue viendo un juego de pelota y le informa a su esposa que al día siguiente irá a jugar un partido con sus amigos. Luego nos enteramos de que el hombre y sus compañeros se dedican a cruzar indocumentados que vienen por el mar a cambio de un pago monetario. La frialdad con que se maneja este procedimiento, incluyendo la decisión de echar al agua a un hombre al que un tiburón le arrancó una pantorrilla, le dan ese toque asombroso y trascendental a ‘Juegos de pelota’.

     Al final del relato titulado ‘El insulto del medio día’ literalmente estuve tratando de separar la página siguiente en dos porque creía que el cuento todavía no se había acabado. Esta historia está incompleta; no funciona como está.

     ‘La letra’ comienza divagando un poco, aunque pronto nos topamos con este diálogo:

     “—¿Le gusta la literatura checa—fue la primera idiotez que se me ocurrió.
     —NO. —dijo él.
     —¿Qué busca?
     —Una letra en la cual está encerrado Dios.”

     Lamentablemente, el relato termina de una manera superflua pues, aunque el hombre logró encontrar la letra que buscaba después de muchos años, nada parece haber cambiado realmente. La solución se nos regala y el conflicto parece esfumarse del cuento.

     ‘Sube y baja’ fue un cuento que me dio órdenes. No le hice caso.

     ‘Soledad del tiempo’ es un relato que pretende, aparentemente, crear un puente literario entre la vida de una mujer moderna, profesional y exitosa, con la vida perdida en un pueblito de la montaña. Realmente no entendí el desenlace, en donde la mujer parece haber muerto, pero entonces se ve a sí misma llorando dentro del carro mientras considera meterse de nuevo a la vieja casa. Bah!

     Así el libro se diluye en un rabo de cuentos cortos que no tiene la misma fuerza de los primeros relatos, los cuales están construidos con más cuidados y fueron mucho mejor pensados. ‘Break pal’ café’ explora el desencanto de las parejas luego de varios años de estar casados, y ‘La mosca’ y ‘Fetiche’ apenas me llamaron la atención. Ficciología termina con un relato titulado ‘Ser ficciólogo…’, que utiliza el recurso literario de las notas al calce, y que tanto odio. Solo ha habido un autor que me ha impresionado con el uso adecuado de este recurso, y ese era Jorge Luis Borges con su ‘Tlon, Uqbar, Orbis Tertius’, incomparable, realmente, y que muchos han tratado de imitar sin lograr el mismo efecto.

     Aparte de ese traspiés final, Ficciología es una gran libro de relatos. Tiene poesía y creatividad. Explora los cuentos situaciones, que fluyen casi como escenas cinematográficas; también entrega varios cuentos que exploran la sicología de los personajes, y no realmente lo que está sucediendo físicamente en el relato.

     ‘Ficciología’ es parte de la Colección Premios de Literatura 2010, del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Probablemente los relatos de Vera Santiago fueron publicados tal y como fueron presentados para la evaluación del premio pues hay muchos errores ortográficos y gramaticales a través del libro. Sin embargo, no se hace la salvedad en ningún momento.

Me han gustado casi todos los relatos de Ficciología. Podría resaltar estos pocos, más bien por mis gustos personales, y no por restarle mérito a los demás:

‘El retrato de Mercedita’
‘Profundidad’
‘Fabio’
‘Reglas de procedimiento para el amor en picada’
‘Juegos de pelota’

Elementos narrativos importantes:
-La brevedad; son relatos cortos.
-El estilo cinematográfico de algunos de los relatos que se mueven a través de escenas muy visuales, como en ‘Palomar de Bahía’ y ‘Circunstancias’.
-La anticipación del desenlace de manera inteligente y efectiva.
-El tono juvenil y moderno de casi todas las historias.
-El lenguaje fresco, intrépido y, a pesar de todo, digerible.


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sábado, 14 de julio de 2012

Libro vigesimocuarto: Los cuentos de mi abuelo y otros cuentos de camino


Los cuentos de mi abuelo
y otros cuentos de camino
de Efrén F. Ríos Santiago

     Esta publicación independiente es un pequeño texto que recoge una serie de historias populares o de familia que se conocían en el Puerto Rico de hace más de medio siglo.

     Efrén F. Ríos Santiago trata de coleccionar las historias de fantasmas, aparecidos, y otros mitos rurales del Puerto Rico de antaño. También las complementa con algunas fotografías muy bienvenidas de los lugares a los que hace referencia. El problema es que no todas las historias son cuentos. Las que sí lo son, se quedan con un desenlace impotente, como si se negara a sí mismo el placer de haber contado ese poquito más. Compré el libro con la esperanza de leer historias antiguas convertidas en relatos literarios, pero la mayoría, aunque sí tienen la estructura elemental de un cuento (situación conflictiva, personaje principal, unidad temática, etc.), me dejan deseando un poco más —solo un poco más.

     Los relatos tienen una belleza sencilla, sin pretensiones, las historias son todas cortas y a veces divagan en detalles ajenos a la historia misteriosa o al mito rural, que es lo que nos llama la atención. Hay mucha nostalgia en los relatos de Ríos Santiago, cosa que a veces entorpece su arte narrativo.

     Personalmente, no me importa mucho si los relatos exponen un conflicto claro o de trascendencia. Entiendo que también me puedo disfrutar una historia si está narrada con delicadeza y buen uso del lenguaje. Algunos relatos de Ríos Santiago lo logran. A veces me recuerda lejanamente al escritor dominicano Juan Bosch por su prosa depurada y clara. Sin embargo, Efrén F. Ríos Santiago nos siempre es muy preciso. Como ya he mencionado, divaga mucho en recuerdos nostálgicos.

     A veces me molestaba al leer alguno de los cuentos de Efrén F. Ríos Santiago porque llegaba al punto que podía haber un desenlace elevado, sorprendente y sobrecogedor, como en ‘La deuda’ o en ‘El tesoro’, pero se quedaba en lo chiquito y apenas trascendía el potencial literario que, al fin y al cabo, se quedaba dormido. Entiendo que son los relatos clásicos que aprendió de su abuelo y que por lo tanto pretendió dejarlos con la mayor claridad y fidelidad posible, pero creo que es imperdonable haber dejado pasar varias oportunidades literarias tan excepcionales. Con una sola oración que diera un giro de tuerca o una revelación (in)esperada, cada relato de este libro podía haber sido algo más. A veces sentía que me elevaba hasta las nubes con la promesa de ver el rostro de Dios, pero entonces me dejaba caer desde el cielo y destruía la fe literaria que había cultivado en mí hasta ese momento.

     Otras veces, irónicamente, luego de haber concluido el relato con un desenlace satisfactorio, le añade una oración, o hasta un párrafo más, que explica de manera redundante lo que ya se había sobreentendido. Esto sucede, por ejemplo, al final del simpático relato ‘El espíritu travieso’. Otros, como ‘El ángel del hospital’ y ‘¡Por mi madre!’, terminan de manera precisa, adecuada y económica.

     Sí, tengo que dar justicia a las excepciones. En este pequeño libro hay un cuento que ni siquiera parecen pertenecer al mismo texto. Es tan diferente en estructura, tono y lenguaje, que sobresale como lo que debían haber sido los demás relatos que se cuentan aquí. ‘La maldición’ es un relato que comienza en primera persona, con mucha energía, in media res; el conflicto es clarísimo desde el principio: la protagonista corre peligro al ser diagnosticada con lepra. Este relato se aleja de la estructura de los otros relato del libro, que son todos narrados en tercera persona y hacen alusión a alguna remembranza del autor. En ‘La maldición’ el autor desaparece por completo. Su personaje se apodera completamente de la acción y desemboca en una resolución mágica: la protagonista es asesinada con fuego y se convierte en un espíritu piromaniaco. Me fascinó esta idea vengativa. Aquí cito una parte poderosa de la narración, lo más literario de este libro, en mi opinión (me perdonan la rima):

“A los tres meses del incidente, cuando ya nadie comentaba el mismo, explotó una caldera en la central azucarera y comenzó un fuego. Me vi atraída al mismo y me trasladé a la central. Pude ver a varios de los que habían participado en mi asesinato. Al acercarme a ellos el fuego me seguía y formaba parte de mi cuerpo y me di cuenta de que había llegado el momento de hacer justicia. Me aproximé a todos los que me habían lastimado y los abracé…”

¡Esto es narración literaria! No le perdono que repita tanto la palabra ‘fuego’, pero es lo único que le voy a criticar en ‘La maldición’.  Desearía que todos los cuentos de Ríos Santiago fuesen así.

Mis cuentos favoritos han sido:
‘La maldición’
‘La hechicera’

Elementos narrativos que sobresalen:
-Unidad temática (cuentos de aparecidos y fantasmas).
-Estructura narrativa clásica (exposición, nudo, desenlace, con la excepción de ‘La maldición’, que comienza en medio de la acción, o in media res, y el último cuento, ‘El ánima en pena’, que comienza con la noticia de un suceso misterioso).
-Brevedad; todos los relatos son cortos, de una o dos páginas.
-Aunque no se queda en la mera estampa costumbrista o folklórica, sí da a impresión de contenerse en casi todos los desenlaces, como si sufriera de una anorgasmia literaria.


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domingo, 8 de julio de 2012

Libro vigesimotercero: Las negras


Las negras
de Yolanda Arroyo Pizarro

     He leído ‘Las negras’, y siento que he vuelto a descubrir la prosa de Yolanda Arroyo Pizarro. Es más, siento que he redescubierto lo que en algún momento me habían enseñado sobre los negros esclavos y la cultura de la mujer negra en el Puerto Rico de antaño.

     Los tres cuentos de esta pequeña colección están divididos en una serie de escenas cortas y precisas. Estas, a su vez, están construidas con párrafos breves, contundentes, repletos de imágenes que complementan el hilo narrativo de ficción histórica que identifica a cada relato en ‘Las negras’.

     ‘Wanwe’ comienza con una primera página de fraseos que nos sumergen enseguida, de manera poética, en la historia de una mujer joven negra que es secuestrada de su aldea para ser vendida como esclava. El relato de ‘Wanwe’ intercala una retrospección de la niñez de esta mujer con la terrible realidad de sometimiento que enfrenta. Yolanda Arroyo Pizarro siempre logra crear unos contrastes poderosos entre la violencia y la ternura. En ‘Wanwe’ el lector puede sentir tanto el dolor de la separación y el maltrato físico de la mujer negra como también la ternura de su amor por su aldea, por su familia y por su religión.


     ‘Matronas’ es la historia de Ndizi, o más bien de todas las que compartieron el destino de Ndizi. Esta es una mujer conocedora de numerosos dialecto e idiomas. También conoce varios oficios, incluyendo el de la crianza y el de la cocina. Esta mujer libre es encerrada en una celda porque había jurado que si la capturaban de nuevo se las vengaría con los niños que ayudaría a nacer. Ndizi conversa con un sacerdote de nombre Petro. Mientras tanto, recuerda cómo eran las cosas antes en su tierra, en África, y cómo cambiaron cuando los negros comenzaron a capturar a otros negros para entregárselos a los portugueses. Cada escena en ‘Matronas’ culmina con una línea sorprendente, a veces una gran revelación que va cuadrando los hechos del cuento, otras veces se trata de alguna imagen sobrecogedora. Lo cierto es que el personaje de Ndizi establece una especie de puente cultural con sus idiomas y con sus remembranzas de lo que era y de lo que es, en su tiempo. ‘Matronas’ es una narración fresca porque en vez de enfocarse en la tragedia de la negra encerrada, más bien le da atención al espíritu humano y a la misma vez inclemente de una persona que ha sido destruida por la esclavitud y que se inclina a hacer cosas terribles para otros futuros negros y negras no sufran como ella. El relato termina con la ejecución de Ndizi, y con la mayor revelación de todo el libro: quienes eran los niños que mataba, y cómo lo hacía, o más importante aún, que ella no era la única.

     ‘Saeta’ es un relato algo más sencillo. La historia trata en resumidas cuentas de una negra que es abusada pos los hijos de su amo (y luego por el amo mismo al descubrirla). Lo especial de este relato es que la historia toma un giro de misticismo glorificado. El cadáver de la negra desaparece, también una de las ballestas de su amo. Unas escenas de unas negras guerreas nos dan una idea de lo que pudo haber sucedido al final de este relato, pero lo cierto es que la venganza se consuma. El amo, al final, muere asesinado. Otro aspecto diferente de ‘Saeta’ es que privilegia el uso de las descripciones de la naturaleza para validar el misticismo y la gloria de la venganza de la negra asesinada. En cuanto al estilo, este relato es algo diferente a lo que estoy acostumbrado a leer de Yolanda Arroyo Pizarro. Naturalmente, no deja de ser una lectura fresca e impresionante.

De los tres relatos excelentes de ‘Las negras’, tengo que exaltar a ‘Matronas’ por los finales de escenas tan contundentes y por las imágenes transgresoras imposibles de olvidar.

Elementos sobresalientes en ‘Las negras’:
-La fragmentación de cada relato en escenas pequeñas.
-Párrafos breves.
-Prosa sencilla, precisa y objetiva.
-El uso de la retrospección para hilvanar los hechos.
-La construcción de imágenes poderosas e inolvidables.
-Personajes principales todas negras esclavas.


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jueves, 21 de junio de 2012

Libro vogesimosegundo: Crucificciones


Crucificciones
de Eduardo Vera

     La ficción de Eduardo Vera es muy divertida; divertida y trascendental. No todos los escritores logran encajar lo ameno con lo pertinente. Me explico, cada cuento de Eduardo Vera es una crítica social muy bien disfrazada con prosa sencilla, precisa y atractiva.

     En esta ocasión me voy a ir cuento por cuento; la prosa y el ingenio de Eduardo Vera así lo exigen.

     Crucificciones (así, con doble ‘c’) abre con un relato muy peculiar llamado ‘La inmortalidad del cangrejo’. En este, un hombre observa un cangrejo que evade el ataque de un perro gracias a nunca haberle despegado el ojo por caminar siempre de espaldas. Así, el hombre adopta como filosofía de vida el caminar de espaldas. El hombre pronto crea una revolución del cangrejo y fácilmente cambia el estatus quo del sistema social en el que vive. El cuento tiene otras sorpresas, pero esas se las dejo a los lectores. La importancia de ‘La inmortalidad del cangrejo’ reside en mostrar una simple historia del origen (similar a lo que se hace con los superhéroes de hoy día) del charlatán adorado. O sea, de cómo cualquier persona se puede convertir en motivo de adoración y cambio en la sociedad. El punto de la ficción de Eduardo Vera, creo yo, es mostrarnos la facilidad absurda con que eso puede suceder. No faltan las exageraciones; después de todo, se trata de una especie de caricatura, pero en el fondo todos sabemos que cualquiera puede lograr el cambio, para bien o para mal.



     ‘En blanco y negro’ es el segundo relato de ‘Crucificciones’. Se trata de otro gran acierto, como la gran mayoría de los cuentos de este libro. La historia, básicamente, nos cuenta que en una aldea africana comienzan a nacer niños blancos de madres negras. Esto llama la atención del mundo entero, sugiriendo así una hipocresía colectiva y reafirmando que el racismo no se ha extinguido, lamentablemente. Claro, lo genial de este argumento es el contexto en el que se desarrolla. Como buen cuento, ‘En blanco y negro’ no tira para un lado ni para otro y nos ofrece un final sorpresivo e irónico.


     Después tenemos un relato cómico titulado ‘Santa María, siempre virgen’. En este se relata de manera amena cómo María desea perder su virginidad y logra apoderarse del cuerpo de una mujer virgen y madura (en el pico de su sexualidad, según la investigación que realiza junto a San Pedro). Se la pasa toda la noche flirteando en una barra y lo único que consigue es al hombre más indeseable que quedaba, que a la larga resulta ser un hombre sensible y algo desesperado por encontrar el amor de su vida. María se resigna a volver al cielo y pasar la eternidad siempre virgen. En cuestiones del tono, el relato nunca pierde el encanto y se mantiene gracioso y divertido. En cuestiones de la temática, me parece que es uno de los relatos más ‘oscuros’ de Crucificciones ya que detrás de la comedia hay una gran tragedia de las personas que no pueden satisfacer nunca sus diferentes necesidades existenciales, como el sexo, el amor, la felicidad, etc.

(Analie, de Fabian Pérez)

     ‘Papo Ceiba’ es un relato que marca el contraste entre las intenciones de una persona y cómo las circunstancias se van fuera de control. El protagonista de este cuento se convierte en la víctima de su pequeño experimento de protesta ecológica, y el ‘malo’ del cuento, el desarrollador inescrupuloso, al final es el que observa de lejitos, pero siempre atento, cómo el ‘héroe’ de nuestro cuento pierde toda su integridad y toda posibilidad de salvación, presa de su propia trampa. Me recordó el cuento racista de Leónidas Andréiev, ‘Un hombre original’, pero no por lo racista —¡para nada!—, sino por el tema irónico y, en este caso, trágico del burlador burlado.


     El cuento que sigue es ‘La salazón de San Salvador’. Un sacerdote ermitaño que vive en un poblado remoto descubre a principios de cuaresma que su salero nunca se vacía, por lo que se lo notifica al Vaticano. Su privacidad pronto se ve ultrajada cuando todo un destacamento de investigadores y representantes del Vaticano invaden su morada para certificar el supuesto milagro. Quieren voltear toda la vida del pobre sacerdote patas arriba y convertirlo en una celebridad, así que el padre confiesa que lo del salero fue, aparentemente, una farsa. Al perder su credibilidad y ser abandonado por todos aquellos que pretendían cambiar su vida y pervertir su fe, se queda igual que antes, feliz, comiendo papas hervidas con la sal del salero milagroso.


     Luego tenemos otro relato cómico: ‘Del mismísimo infierno’. Eduardo Vera caracteriza a Satanás como a un tipo que ha perdido credibilidad y fanaticada a lo largo de los siglos, por lo que decide, junto a su ayudante, apoderarse del cuerpo de un político puertorriqueño, hacer campaña de imagen y recuperar su reino de maldad en el corazón de los hombres. El problema es que el partido opositor le saca un escándalo de homosexualidad y por ello pierde las elecciones. Creo que ‘Del mismísimo infierno’ es un acertado retrato de la homofobia rampante que todavía existe en nuestro país. También es una crítica sobre cómo se llevan las campañas políticas, en donde no importa la integridad del candidato, sino la imagen pública. Al final, me compadecí del pobre ‘Sata’, como él mismo prefiere que le llamen.



     ‘Contar hasta diez’. Wow. ‘Contar hasta diez’ es probablemente mi cuento favorito de Crucificciones. ‘Contar hasta diez’ manifiesta de manera inteligente e imparcial la inutilidad del sistema de corrección actual ya que es incapaz de rehabilitar a muchos de sus confinados, como es el caso del protagonista de este gran relato, que al fin y al cabo reincide, y solamente porque nunca tuvo las herramientas para enfrentarse y reintegrarse a la sociedad. El cuento critica muchas cosas, como por ejemplo las leyes injustas que pretender seguir manchando la humanidad de aquellos que cumplen su sentencia, o cómo literalmente se desperdicia una vida humana que ya ha pagado por sus crímenes al tirarla a la calle sin más que una muda de ropa y un fajo de billetes que apenas le puede durar una semana, o quizás un mes. Mi punto en esta discusión no es defender o atacar a nadie; Eduardo vera tampoco lo hace en su cuento. La realidad es que luego de que una persona cumple una sentencia y sale a la libre comunidad, se queda con el estigma y nadie hace nada para acabar con eso; todo lo contrario, la constante presión y discriminación de parte del resto de la sociedad provoca que muchas de estas personas no vuelva a tener otro lugar más que la celda de la prisión. En resumidas cuentas, ‘Contar hasta diez’ es un cuento corto, pero abarcador; imparcial, pero de profundo carácter social y crítico. En mi opinión, ‘Contar hasta diez’ es la obra maestra de Eduardo Vera.


     Pasamos de la cárcel y el desconsuelo existencial a un mundo dominado por los gorditos. En ‘Razones de peso’ una mujer obesa desea que todo el mundo fuese igual a ella. Dios la escucha y acepta el reto de este experimento abarcador. En ningún momento se adora el descuido y la gula, sino que se presenta otra perspectiva de la dominancia —una muy graciosa, con sus ventajas y desventajas— de los gorditos sobre los flacos. Es un cuento simpático y liviano, a pesar de todo; pasajero, diría yo.

('Fat David')

     Hay un cuento en Crucificciones que privilegia el uso de la descripción para generar una atmósfera y un trasfondo absorbentes. ‘La balada de Chito Friggins’ es casi una estampa del folclor metropolitano puertorriqueño y de sus fiestas navideñas entregada a través de los ojos de un músico frustrado. Luego de un apoteósico degenere en las Fiestas de la Calle San Sebastián, Chito Friggins descubre una ‘ciudad de gatos’ oculta en alguno de los edificios genéricos del Viejo San Juan. Allí consigue inspiración y atrapa la atención de miles de gatos, igual que en cuento infantil de ‘El flautista de Hamelín’. El relato trae a colación la existencia miserable que viven muchos artistas, pero Eduardo Vera lo hace a través de una historia simpática que genera y aprovecha el ‘McGuffin’ de los gatos y su ciudad oculta. Las elaboradas descripciones provocan sensaciones contradictorias de belleza y de angustia que son el producto climático de perderse junto a Chito Friggins en la ciudad de los gatos para poder alcanzar la cúspide de su arte.

('Poor Musician', de Artur Grottger)

     En ‘La divina democracia’ Abrahan acusa a Dios de ser un dictador y asegura que sería un mejor administrador del cielo y de la Tierra. Proponene unas elecciones. Dios lee las mentes de sus amigos y esposas y comprende que perderá, así que habla con su viejo amigo, ‘Sata’ (si lo recuerdan del relato ‘Del mismísimo infierno’):

“Formó un comité de expertos, encabezado por Hitler, Mussolini, Napoleón, Ghandi y Muñoz Marín… se trataba de un grupo profesional de manipuladores sacados del mismísimo infierno, al servicio de la causa divina.”

En fin, Abrahán perdió las elecciones, Dios celebró con María Magdalena y recordó viejos tiempos con ‘Sata’ y una botella de tequila en la playa… Crucificciones alterna entre ficciones cómicas y ficciones trágicas. En este caso es obvio que se trata de una especie de comedia, pero tengo que admitir que en sentidos literarios de estética, sensibilidad y técnica camina en la cuerda floja de la payasada, y a veces pierde el balance. Este es cuento más torpe de Eduardo Vera, y aún así no puedo negar que me divertí muchísimo al leerlo. Se trata, precisamente, del relato más gracioso de Crucificciones.


     Le sigue otro cuento gracioso, aunque mucho más relevante. Un senador está molesto porque no puede entender las palabras esdrújulas, así que propone un proyecto de ley que prohibiría el uso sucesivo de palabras esdrújulas y sobreesdrújulas. Me fascina una parte de la narración que viene de la primera página del cuento ‘En pocas palabras’:

“…los lingüistas y académicos serios del país se opusieron al proyecto. pero, como hay muy pocos lingüistas y académicos serios, y a los pocos que hay nadie les hace caso, el proyecto pudo seguir adelante.”

El senador se hace famoso por esto, y por muchos otros cambios que logra implementar al idioma. En su octavo término teme finalmente perder las elecciones ya que no se le ha ocurrido algo más “que capte de nuevo la atención pública”. Sin decir más, creo que esto manifiesta el corazón literario de ‘En pocas palabras’. Como en otros cuentos suyos, hace varias críticas dentro de su ficción. Una puede ser cómo el mal uso del lenguaje embrutece la capacidad del pueblo hasta llegar al punto de solo poder elegir a aquel que más llame la atención publica (¿Le suena familiar?), como si la democracia se convirtiera en un circo repleto de payasos divertidos y coloridos (De nuevo, ¿no es así ya?). Otra posibilidad alardea de cómo aquellos que tienen el poder se las pueden arreglar para destruir las cosas más importantes de nuestra humanidad y cultura con argumentos politiqueros, sensacionalistas, irresponsables, con sofismas no muy elaborados y un carisma germinal del gran dictador. Quizás me voy un poco lejos, pero la realidad es que existen muchísimos políticos que hacen más daños que bien con sus ideas idiotas. Este cuento no nos dice nada que ya no sepamos, peor nos hace bien en recordarnos esta triste realidad, por si nos acostumbramos demasiado a vivir embarrados en la mediocridad política y, sobretodo, lingüística.

En cierto punto de ‘En pocas palabras’ el senador propone eliminar el lenguaje hablado; solo serían aceptadas las señas. De ahí trasciende una pequeña, aunque poderosa sentencia del narrador que, aunque poco o nada tiene que ver con el cuento, brilla entre tantas ideas como aforismo cruel y genial:

“Los ciego se quejaron de inmediato, pero ser ciego es lo mismo que ser mudo, porque nadie los escucha.”

Esta sentencia es peligrosa porque fácilmente se puede malinterpretar, pero yo creo que Eduardo Vera ha confiado en la inteligencia de sus lectores para que la ‘verdadera verdad’ o la ‘gran verdad’ sobrecoja al criticismo chiquito e irresponsable.

‘En pocas palabras’ es similar en estructura a ‘La inmortalidad del cangrejo’, primer cuento de este libro. Ambos presentan a un personaje común y corriente que se convierte en catalítico del cambios social por alguna estupidez: en el caso del primer cuento, adoptar el caminar de espaldas como filosofía de vida y a raíz de esto provocar una revolución social; en el caso de ‘En pocas palabras’, por legislar la destrucción del lenguaje y ser conmemorado por ello. Ambos casos suenan absurdos, pero en el absurdo nos sorprendemos de encontrarnos con tantas verdades como las que Eduardo Vera sugiere inteligentemente con sus ficciones.


     ‘El lector de auras’ soy yo; esa es la conclusión a la que llegué al terminar de leer el primer y único cuento de horror en la colección de Crucificciones. Eduardo Vera hilvana una atmosfera de suspenso que termina involucrando al lector de manera irremediable y directa con lo que está sucediendo en el cuento. No es el relato más oscuro o profundo del libro, pero ciertamente trae a colación una nueva forma de ver el llamado carpe diem entremezclado con un pesimismo que condena la mismísima alma del lector a la perversión eterna de su espíritu.


     ‘La invasión inevitable de las hojas amarillas’ es otro relato inusual en Crucificciones. Así como el cuento anterior es de horror, éste es de inmensa ternura. Curiosamente, no sucumbe al preciosismo del que sufren usualmente este tipo de cuentos. Aquí, una vieja es demandada por su vecino. Un árbol del patio de la vieja Pola deja caer sus hojas en la piscina del médico, por lo que ambos terminan en la corte. ‘La invasión inevitable de las hojas amarillas’ es el testamento literario de la intolerancia y el egoísmo que nos identifica como generación. No revelaré el desenlace del relato porque me parece que es una ficción elevada y algo romántica; digna de una lectura pausada y completa.


     Me atreveré a decir que ‘Evolución’ funcioan como el equivalente evolucionista de la primera parte del génesis, cuando Adán y Eva conocen el pecado. Enseguida entiendo que afirmar tal cosa sería una enormidad de mi parte. ‘Evolución’ sufre de algunas sutilezas técnicas que rayan en lo inverosímil, pero aquí la importancia no es la veracidad, sino el simbolismo que refleja esta pequeña historia de cavernícolas y cazadores prehistóricos. Eduardo Vera cuenta con bastante economía lo que sería el despertar del intelecto y de la maldad en la mente del ser humano. Este es otro relato oscuro, pero a la misma vez brillante.


     El último relato de Crucificciones se titula ‘El ateo errado’. Es el cuento más irónico de Eduardo Vera, y una buena manera de puntualizar su libro. Utiliza el humor nuevamente para contar la historia de la muerte de Dios encarnado en la Tierra, y de cómo un ateo finalmente creyó al verlo morir aplastado por un candelabro tras invocar su propia presencia divina.


     ‘Crucificciones’: excelente libro de cuentos.

     A estas alturas de mi blog, tengo que señalar que ya he leído varios libros de cuentos de la Editorial Pasadizo: ‘5 minutos para ser infiel’, de Emilio del Carril, ‘Adiós, Mariana y otras despedidas’, de Awilda Cáez, y ahora ‘Crucificciones’, de Eduardo Vera (además de otros que no son libros de cuentos) y tengo que decir que cada uno de estos libros y autores me han sorprendido. Veo que Editorial Pasadizo publica lentamente, pero con calidad y disciplina. Puedo decir sin miedo que leería cualquier con otro libro de esta joven editorial  sin pensarlo dos veces, en especial aquellos libros que son de los autores que ya he conocido por su ficción precisa y extraordinaria. Creo que Pasadizo es mi editorial puertorriqueña favorita; también sus escritores.

Realmente me han gustado TODOS los relatos de Eduardo Vera, pero mencionaré los más que me han llamado la atención. Por su riqueza y trascendencia, privilegio a:
‘En blanco y negro’
‘Del mismísimo infierno’
‘Contar hasta diez’
‘La invasión inevitable de las hojas amarillas’
‘Evolución’

Elementos literarios más importantes de Crucificciones:
-Sobre todo, el humor.
-Estructuralismo.
-La ironía.
-La caracterización del antihéroe.
-El intertexto con obras y personajes bíblicos.
-La caricatura representativa o simbólica.
-El existencialismo (en relatos como ‘Santa María, siempre virgen’, ‘Papo Ceiba’ y, sobretodo, ‘El lector de auras’)


Próxima entrada: Las negras

domingo, 17 de junio de 2012

Libro vigesimoprimero: Doce versiones de soledad



‘Doce versiones de soledad’
de Janette Becerra

     Llevaba mucho tiempo esperando leer el primer libro de cuentos de Janette Becerra. Ya había tenido el placer de disfrutar su cuento ‘El sastre’, que ganó el segundo premio en el IX Premio Internacional de Relato Corto Encarna León, de España, en el 2010. También ganó el certamen de cuentos de El Nuevo Día en el 2012 con su excelente relato a la Cortázar, ‘Reflujo pasajero’.

     El libro de Jantte Becerra comienza con una grata sorpresa: el relato ‘Afición por los terrarios’. Es mi relato favorito de ‘Doce versiones de soledad’, y según la autora, como dijo en su presentación reciente en Librería La Tertulia en Rio Piedras, Puerto Rico, también es el relato que más le gusta de su propio libro. La autora dijo que ‘Afición por los terrarios’ es lo más cercano a lo que un escritor de literatura es; tal y como había dicho Miguel de Unamuno tras el éxito de su novela ‘Niebla’, que el autor es una especie de dios creador cuando inventa mundos y personajes literarios. Unamuno también dijo que su trabajo dejaba de ser suyo tan pronto el lector se apoderaba de su creación. En otras palabras, que tomaba las ideas de algún lado, las trascribía al papel y se las devolvía a resto del mundo en una forma bella y concreta. Creo que eso mismo es lo que ha logrado Janette Becerra con ‘Afición a los terrarios’. En este relato, una persona tiene un terrario en donde deposita la materia prima para que surja la vida. A través de todo el sujeto relato observa cómo todo evoluciona y cambia dentro del terrario. De vez en cuando provoca cataclismos naturales producto de su caprichosa curiosidad; luego se maravilla al ver cómo del desastre surge nueva vida y renovación del ecosistema. Al final del relato, la persona creadora se convierte en una especie de deidad para las criaturitas de su terrario. Al principio lo adoran, pero al verse abandonados durante un largo tiempo, cuando el ‘creador’ regresa, ya sus personitas no lo adoran ni lo necesitan; inclusive, consiguen salir del terrario y controlar las fuerzas naturales que antes los tenían a su merced. Regresando a la curiosa alegoría con el proceso creativo del escritor, me gusta ver ‘Afición por los terrarios’ como la ponderación del creador por su creación; o sea, cuando la literatura se apodera de su dueño, ya sea el autor o el lector, porque ambos son tan dueños de la ficción como la ficción misma.

(Terrario de Paula Hayes, tomado de paulahayes.com/terrariums)

     El segundo relato es ‘El sastre’. Cabe señalar que se trata de un cuento reconocido y premiado. ‘El sastre’ es un relato —lo digo llanamente— ‘fresa’. Es, sin embargo, una historia de amor muy bien lograda. La autora muestra un gran sentido de estética porque toma lo que fácilmente podría haberse convertido en otra historia más sobre un amor imposible, y lo transforma en un conflicto fresco y sumamente agradable. En resumen, la historia carece de cursilerías o melodramas indeseables; es una belleza literaria.

     ‘El regalo’ es otro relato excelente de Janette Becerra. Me recuerda el cuento clásico ‘El collar’, de Guy de Maupassant, porque en ambos cuentos la vida de una mujer se vuelve miserable. La protagonista pierde su belleza y su juventud y también debe rendir todas sus aspiraciones por causa de un malentendido, en el caso de ‘El collar’, o por causa de un acto de ‘buena fe’, en el caso del cuento de Janette Becerra. ‘El regalo’ es uno de esos cuentos con un final sorprendente que nos llena de ira y a la misma vez de ternura. Vemos cómo una bondad del marido de la mujer protagonista la destruye completamente hasta dejarla en una completa soledad. Creo que este relato es un manifiesto muy íntimo sobre los miedos y las incertidumbres a las que nos enfrentamos muchas de nosotros (en el caso del relato, una madre) y los sacrificios que muchas veces hacemos por diferentes razones muy humanas (fe, amor, responsabilidad, honor, etc). Lo sobrecogedor de ‘El regalo’ es que al final no hay una recompensa a la perseverancia de la madre, sino un cruel recordatorio de por qué la vida se nos va en angustias y —me atrevo a decir— compasiones. ‘El regalo’ es un cuento con rasgos naturalistas que se sumerge en la oscuridad de una existencia condenada a la servidumbre y la miseria, sin esperanzas nunca de trascender el tedio de continuar viviendo o de asegurarle una mejor existencia a quien queda después de nosotros. Me parece que hay muchas maneras de interpretar el final y el contenido del ‘El regalo’, pero yo solo cumplo con informar que se trata de una obra literaria oscura, asombrosa.

     Me fascina el estilo de las historias como ‘La reconciliación’. Un diálogo sencillo se intercala entre una serie de interludios narrativos que poco a poco van ofreciendo un trasfondo a la aparentemente sencilla situación que los personajes van contando. En ‘La reconciliación’ la autora le presta gran atención a los gestos y al tono de los dos personajes que conversan. Si bien se trata de otra versión de la soledad —la de una anciana que sufre de Alzheimer—, el verdadero encanto de ‘La reconciliación’ proviene de una diálogo entretejido con la narración de una escena (y luego otra) y una remembranza que revive el odio hacia una persona que ya no puede recordar nada de lo que ha hecho.

     Entonces tenemos el cuento ‘Soledad perfecta’. Primeramente, quiero resaltar la genialidad del título. Al principio me pareció efectista y algo anticuado, pero se trata del personaje principal del relato. Soledad Hidalgo es una niña prodigio que debe crecer en absoluta soledad ya que le es imposible relacionarse con el resto del mundo; inclusive con su propia madre. Es un acierto literario porque la misantropía con la que la autora bautiza a su personaje desde el principio del cuento aparece con naturalidad y lógica. Se percibe un estudio de la psicología del ser humano, desde la niñez hasta la etapa adulta, pareciéndose, quizás, al estilo de Patricia Highsmith. El narrador sugiere a través de la crónica que la inteligencia de Soledad Hidalgo es una maldición porque no le permite tener contacto humano con otras personas. En una parte de la narración se declara lo siguiente:

“(Soledad Hidalgo) Consideró que la homogeneidad feliz de las masas era una bendición. Acorralada por su perfección insoportable, le pidió a Dios que existiera y que le concediera la ignorancia, el salario miserable, los hijos, el amor. Todo le fue negado. Dios era imposible para su razón insobornable.”

El cuento es, como sugiere el título del libro, otra versión diferente de la soledad; en este caso se trata de la soledad que deviene del intelecto, de ser brillante y ser marginado por ello (o por la inteligencia misma). Cabe señalar que ‘Soledad perfecta’ fue el primer premio en el XIV Certamen Internacional de Relatos de la Fundación Gaceta Regional, Salamanca, España, en el 2009.

     Como dije al principio, el libro abrió con una grata sorpresa: el excelente relato de ‘Afición por los terrarios’. Al final del libro hay otra sorpresa, pero esa se las dejo a los que se permitan el privilegio de leer ‘Doce versiones de soledad’. Solo diré que jamás había visto semejante manera de cerrar un texto literario, y creo que es muy divertido, ingenioso y, sobre todo, adecuado.

‘Doce versiones de soledad’ es libro rico en imágenes y lenguaje poético que nunca se torna cacofónico o críptico. La prosa de Janette Becerra es una prosa elevada, y a la misma vez llena de sobriedad. Tiene un vocabulario rico y flexible. Tiene un estilo único; su firma literaria es fácil de identificar, y esa es una de las cosas más valiosas e importantes que puede lograr un escritor.


Mis relatos favoritos han sido:
‘Afición por los terrarios’
‘El sastre’
‘El regalo’
‘Soledad perfecta’

Elementos literarios importantes en ‘Doce versiones de soledad’:
-Estructuralismo
-La ocasional imagen poética
-Unidad temática a través de todo el texto (la soledad)
-La genial utilización del epígrafe, en especial en el último (¡ÚLTIMO!) relato.


Próxima entrada: ‘Cruci-ficciones’

viernes, 25 de mayo de 2012

Interludio segundo: La ‘verdad’ y la ‘pasión’ se fueron al campo un día…


La ‘verdad’ y la ‘pasión’ se fueron al campo un día…

     Me atreveré a declarar que, al menos en Puerto Rico, hay dos tipos de cuentistas: está el que se preocupa por contar algo; también está el que se preocupa por cómo contar algo. No puedo decir que una manera de contar sea mejor que la otra. Quisiera aprovechar este valioso espacio del ‘Interludio segundo’ para plantearme en qué manera cuentan los autores puertorriqueños contemporáneos, y qué cosas cuentan. A partir de semejante licencia entonces trataré de defender mi punto de vista tan cursi: que el placer literario es la única gran verdad.

(‘Ea rayo, esto tiene pinta de ensayo; ¡procuraré no aburrirlos!)

     A simple vista muchos dirían que es más importante cómo contar una historia que meramente qué cosa contar. Efectivamente, cualquiera puede contar un cuento con trasfondo político, religioso o simplemente preciosista —todos temas que usualmente irritan al lector si no se tocan con cuidado—, pero no todo el mundo puede contar cualquier cosa de una manera única. Los buenos autores pueden observar a una hormiga, escribir cómo cruza la sala de un lado a otro, y hacer de semejante banalidad una belleza literaria que provocaría el más elevado de los placeres. Hay cuentistas, como Quim Monzó (catalán), que escriben cuentos esquemáticos a propósito, algunos de ellos ni siquiera parecen tener un conflicto claro, como ‘Miro por la ventana’, ‘Dos sueños’ o ‘El tenedor’, y sin embargo puedes terminarlos y vas a sentir que algo se ha estremecido adentro, como un aluvión silencioso. En Puerto Rico también he leído a autores que logran este efecto. Por ejemplo, Lina Nieves Avilés tiene en su ‘Waltzen’ un pequeño relato titulado ‘El litoral’ en donde un niño observa el sol hasta morir. En el plano anecdótico, como ya vieron, no pasa nada, pero al leerlo —Ah! Al leer el cuento!— siento lo que siente el niño, siento cómo se envenena con la luz del sol, recuerdo sus propias memorias y sé que él presiente que alguien más lo lee desde el otro lado de la página. Cuando un cuentista logra que mis sentidos se eleven de esa manera, sé que no estoy en posición de negar la calidad de su trabajo, por más sencillo que sea. Usualmente, mientras más sencillo aparenta ser un trabajo literario, más horas, esfuerzo y calidad se esconden detrás de esa sutil artesanía. Es irónico que esta visión suene tan atractiva, y sin embargo la gran mayoría de los autores, inclusive los estudiosos, casi todos ellos rechazan la posibilidad de una buena historia que nazca a partir de una bruma espiritual. Para mí, estos cuentos 'sin conflicto' no son otra cosa que la máxima definición del sagrado —¡sagradísimo!— ‘mostrar, en vez de decir’.

(Tomado de mikekimera.wordpress.com)

     Hay otros que apoyan la idea de que la grandeza literaria es el resultado de una meticulosa elaboración en los detalles importantes y la destrucción total de cualquier otra cosa —espiritual, sensacional o situacional— que no tenga una relevancia sustanciosa para con lo que se pretende contar. En otras palabras, si no cuenta el cuento, no sirve. Es sorprendente la cantidad que hay de escritores que piensan así. Esencialmente, reniegan cualquier posibilidad lírica por el mero hecho de ser un elemento subjetivo o distrayente (sí, me acabo de inventar esa palabra). Y yo digo, “¡pero si la idea fundamental de cualquier obra literaria es alcanzar los sentidos y la mente de su lector!”. Estos son los que se preocupan más por lo que se quiere contar. No quiero sonar determinante con mi exposición; hay obras grandiosas —de hecho, son la gran mayoría— de la literatura universal que sigue este modelo de ‘contar una historia’. Piense en cualquiera; probablemente ese sea uno. Las más grandes obras son objetivas, certeras y precisas, con todo el mérito y la maestría del mundo, porque escribir historias así de buenas, no lo hace cualquiera. Entonces, sin querer he llegado a un viacrucis en mi planteamiento: ¿serán la misma cosa?

     Qué contar y cómo contar son dos cosas muy diferentes. No pueden ser lo mismo, pero a lo mejor son dos aspectos de una misma esencia. Veamos: Estoy consciente de que ningún autor puede suscribirse meramente a qué contar o a cómo contar. Es obvio que ambas cosas son importantes para la narración de una buena historia. Un autor necesita una idea clara de lo que quiere hacer, y aunque no la tenga, al menos comienza con algo, por más pequeño que sea, que ya venía predeterminado desde su cerebro. Hasta los surrealistas tiene que llenarse la cabeza de musarañas para luego vomitarlo todo sobre el papel. Por otro lado, ese mismo autor también necesita cierta destreza poética para hacer de su historia una atractiva. No basta con velar por una estructura impecable o una historia totalmente clara y precisa. Si esa historia no tiene algo de poesía, el lustre va a ser uno meramente académico y el alma de cada individuo que la lea se va a sentir traicionada por la falta de inspiración de lo que lee.

     Edgar Allan Poe decía que la poesía busca provocar una ‘satisfacción del alma’, y que la prosa más bien pretende alcanzar una ‘verdad’ como objeto del placer de la mente o del intelecto. La prosa expone ‘verdades’ y la poesía provoca ‘pasiones’, así decía, en resumidas cuentas, don Edgar Allan Poe (que en paz descanse, bendito).

(tomado de portalplanetaseda.com)

     A veces me topo con autores que se preocupan  por abordar ambos aspectos de la narrativa —y debería ser así, siempre—, pero muchas veces pierden unidad o consistencia  por pretender cambiar de estrategia o de estilo a mitad de libro. A los cuentos, aunque estén completos y funcionen perfectamente, se les nota la falta de inspiración (robado del inglés) cuando el autor comienza a recurrir a artificios narrativos gastados como la anticipación, el McGuffin de Alfred Hitchcock, el efectismo, o pero aún, en el melodrama o la payasada. Estos últimos son casos extremos, pero los menciono porque los he visto (y no voy a decir en dónde porque no es el objetivo de esta discusión en particular).

     Cuando estaba comentando el libro de Pedro Liboy Erba me puse a divagar un tanto con respecto a la efectividad de los relatos ‘sencillos’. Decía que, al menos con Liboy Erba, ‘Cada vez te despides mejor’, los relatos más sencillos y breves tendían a provocarme una satisfacción mayor cuando los leía. No lo niego, mi ‘poética’ de los cuentos (si se me permite el atrevimiento) mide su efectividad en proporción al placer —el ‘asombro’, como decía Jorge Luis Borges— que me provocan mientras los leo, o cuando los termino de leer. No estoy diciendo que los cuentos breves sean mejores que los que no lo son, sino que cuando el autor se preocupa por elevar los aspectos más importantes y llamativos de su relato, lo depura de toda broza y pecado literario y termina con una verdadera belleza que hace digno al lector de su atención, y no al revés. Así mismo, pienso que el mejor cuento es aquel que siente admiración por su lector, y por lo tanto respeta sus sensibilidades y le satisface con el mayor respeto y diligencia. No hay nada gratuito en el proceso de creación literaria; la buena literatura es seductora e insaciable. Creo que podemos decir (al menos yo) que la cuestión de qué contar y cómo contar deben ser un solo asunto literario. Algunas editoriales en Puerto Rico ya se han atrevido a darle protagonismo a escritores que apuestan a nuevas maneras de contar. A veces es un peligro, ¡pero lo bueno de acá es que casi todo es una aventura!

     Aquí menciono los dos libros (podía ser uno, pero Tere Dávila también me convenció al final) de la segunda jornada que son ‘VERDAD’ y ‘PASIÓN’; que cuentan ‘qué’ historias, ¡y ‘cómo’ las cuentan!:




También les dejo un recuento gráfico de los otros excelentes libros que he tenido el placer de comentar en la Segunda Jornada en De Cuentos (vivo) queriendo ser escrito...









Fin de la segunda jornada.

martes, 22 de mayo de 2012

Libro vigésimo: El fondillo maravilloso y otros efectos especiales

El fondillo maravilloso
y otros efectos especiales
de Tere Dávila

     Este libro no me permitió despegarme de él en ningún momento. ‘El fondillo maravilloso’ ha sido una de las lecturas más divertidas que he hecho para este blog. Tere Dávila emplea un lenguaje muy ligero, fácil, coloquial y entendible (que no siempre ‘coloquial’ y ‘entendible’ van de la mano, desgraciadamente, ¡pero no es el caso aquí!). La autora nos entrega una serie de relatos muy especiales que despegan con fuerza y solamente cobran aún más intensidad a medida que vamos leyendo el libro.

     Tengo que destacar que, a pesar del lenguaje y el tono ‘coloquial’ o ‘popular’, sospecho que 'El fondillo maravilloso' puede ser entendido fácilmente por cualquier lector de habla hispana. ‘Se trata de un libro muy puertorriqueño, y sin embargo (casi de manera insólita), no se compromete en ningún momento con un solo grupo o nicho social de lectores. He visto que muchos autores puertorriqueños escriben para un grupo limitado de lectores; estos pueden ser académicos, juveniles, costumbristas, etc.. Hay escritores que escriben para escritores, como también hay escritores que escriben para las masas. Sin embargo, cuando leo a Tere Dávila en su ‘Fondillo maravilloso’ no puedo dejar de admirar la accesibilidad de su prosa puertorriqueña, que en ningún momento pierde belleza, simpatía o validez.


     Todos los relatos de ‘El fondillo maravilloso’ son geniales. El libro abre con un relato breve que se titula ‘Soy yo, Carlos (#1)’. Se trata de un hombre despechado que se reniega a aceptar el rechazo de una mujer, por lo que la acosa con llamadas telefónicas y mensajes de voz de tono desesperado. Lo divertido de este relato es que nos seguimos encontrando con los mensajitos de Carlos a través del libro. Luego de leer un par de cuentos, volvemos a encontrarnos con otro mini-cuento, siempre un corto mensaje telefónico que deja al descubierto (y de manera muy divertida) el desespero y la ingenuidad de Carlos, hasta que al final del libro, en ‘Hola, soy Carlos (#38)’ (no se preocupen, no son 38, sino 9 los cuentos de Carlos) vemos el desemboque de la conducta sicótica de este hombre en un micro-cuento excelente que también funciona como ‘punch-line’ para la totalidad del libro.

     Como ya dije, ‘El fondillo maravilloso’ despega con fuerza, pero no es hasta que llegamos a los cuentos de adentro que vemos a Tere Dávila en todo su esplendor literario. Cuentos como ‘A cualquiera le toca’, ‘La otra Magdalena Reyes’, ‘High Noon’, ‘Eva ya no trabaja con nosotros’, ‘Pop porn’ y ‘La oscuridad: un paseo’ vienen uno detrás del otro (con el ocasión interludio de Carlos), cada uno con su propia identidad, con fuerza, astucia, vigencia, frescura…


…sin perder unidad ni decoro. A veces el escritor puede ponerse gratuito o insensible cuando se tocan temas tan jocosos y cotidianos. La necesidad de acaparar la atención del lector en todo momento puede convertirse en una gríngola intelectual que no nos permite salir del espectáculo y el efectismo (como yo, hace un momento), pero Tere Dávila evita la animalización a toca costa. Su prosa es íntima, humana y multidimensional. No me atrevo a llamarla irreverente, pero sí audaz. En un cuento como 'Eva ya no traban con nosotros' la autora nos presenta una variedad de opciones para el final, pero todos sabemos (y esto es lo genial) que ninguno de ellos es cierto, que el relato habla del bochinche y de la especulación, y de cómo a la gente le encanta imaginar fantasías que satisfagan cada necesidad morbosa y falta de sentido, comunicación y sensibilidad que nos arropa. ¡Bravo, Tere Dávila, por decir las 'grandes verdades' con pequeñas historias!

     Como ya siento un peligro lírico que se va asomando despiadadamente a medida que mis comentarios se van tornando más complacientes, ahora prefiero puntualizar mis elogios con una recomendación muy sincera:

¡LEAN ‘El fondillo maravilloso’(,) DE Tere Dávila!


Mis relatos favoritos han sido todos los del medio:
‘A cualquiera le toca’
‘La otra Magdalena Reyes’
‘High Noon’
‘Eva ya no trabaja con nosotros’
‘Pop Porn’
‘La oscuridad: un paseo’

Elementos narrativos predominantes:
-Estructura no-tradicional (utiliza cartas, correos electrónicos y mensajes de voz para ‘narrar’).
-La brevedad.
-El humor.


Próxima entrada: Interludio segundo

lunes, 14 de mayo de 2012

Libro decimonoveno: Capá prieto

 Capá prieto
de Yvonne Denis Rosario

     ‘Capá prieto’ no se pierde en costumbrismos de antaño o preciosismos empalagosos. Tiene un gran valor cultural ya que Yvonne Denis Rosario convierte varios personajes y hechos históricos de la negritud puertorriqueña en los protagonistas y lugares de su narrativa.

     Me voy a quejar del segundo relato, ‘Barrotes olvidados’, porque carga con una sensualidad nostálgica que inflama el pecho, pero a la misma vez peca literariamente de decirlo todo y no mostrar casi nada. Me quedé con ganas de saborearme los hechos. Es como si hubiese tomado esta oportunidad narrativa para recontar los hechos históricos del encarcelamiento de Pedro Albizu Campos luego de la histórica demostración de protesta nacionalista en los Estados Unidos. Creo que la poesía de este interesante relato de repente se diluye con tanto dato que se deja sin transformar, por sentirse forzados en medio de las escasas imágenes.

     Ahora bien, todos los demás relatos se mueven con una narración clara y una belleza estética que es sincera y sencilla. Me llama la atención la familiaridad y patriotismo que la autora destaca constantemente y que, sin embargo, no me saben ni a costumbrismos obsoletos ni a propaganda descarada o politiquería. Quizás puede haber algún desliz esporádico, pero son cosas inescapables cuando se pretende abarcar una serie de temas tan polémicos y estigmatizados en nuestra cultura puertorriqueña, como lo son la negritud y su relevancia en lo que somos los puertorriqueños hoy en día.

     En ‘Periódicos de ayer’ tenemos una narrativa usual que de repente se enriquece con la introducción de un registro periodístico al final del relato que revela la participación de una serie de negros en nuestra defensa durante lo que parece ser la invasión estadounidense de Puerto Rico de hace más de un siglo atrás.

     Con esto quiero resaltar otro problema que tuve al leer el libro. Digo ‘durante lo que parece ser’ porque la a veces autora no deja suficientes pistas para descifrar el evento o la persona específica de la que nos está hablando, o peor aún, su importancia o relevancia histórica. Es innegable la importancia fundamental de la cultura y la raza negra en nuestro mundo isleño, e Yvonnne Denis Rosario ha construido un trabajo admirable que ensalza y renueva todo aquello que nunca bebemos olvidar de nuestra propia herencia e historia; lo que critico –tanto de mí como de la autora– es que no todos nosotros, los lectores, conocemos al pie de la letra cada personaje y cada evento histórico, y esto es una cosa que puede perjudicar la experiencia literaria del lector.

     Otro relato que me ha gustado mucho es ‘La cucaracha y el ratón en la biblioteca’. Quizás esto venga de mi gusto por los personajes infantiles o por el ingenio que se desprende del tratamiento de la psiquis inmadura de los personajes más difíciles de construir; de todas maneras la autora logra tres cosas importantes con este relato: cuenta la historia de una negra puertorriqueña que sobresale en la ciudad de Nueva York, desarrolla a un personaje que demuestra conocer la mentalidad de los niños y que se las ingenia para hacerlos disfrutar de la literatura, y finalmente, y para mí lo más delicioso de todo, logra pasar una poderosa crítica social con esa última escena que es casi invisible, pero totalmente intrépida e inteligente:

     “–…¿Puedes traerme a Martina y a Pérez?
     –No pienso tocarlos, usted me perdona, pero no. Me repugnan. Siempre me pide lo mismo señora Belpré y mi repuesta sigue siendo la misma: no.
     –Está bien. No puedo creer que le tengas miedo a unas marionetas.”

     Finalmente, y para no detenerme en cada relato, quiero mencionar también el cuento ‘Ama de leche’. Yo creo que este el mayor acierto del libro porque cuenta con gran claridad un fenómeno histórico que cambió la mentalidad de una generación completa de niños blancos en nuestro Puerto Rico antiguo. Yvonne Denis Rosario logra transmitir la idea de las esclavas negras que criaban a los niños blancos de sus amos. Excava en la mentalidad de sus personajes y rescata los sentimientos encontrados tanto de la ‘madre sustituta’ negra, como de los amos adultos que en algún momento fueron hijos de sus propias esclavas. Hay una sensibilidad excepcional en cada párrafo de ‘Ama de leche’ que todo puertorriqueño debería conocer. Cada persona que lea este relato gana doblemente porque se deleita con una narrativa exquisita y porque va a sentir que una fibra espiritual se le va a encender dentro del pecho, en ese espacio indecible que indudablemente existe entre el corazón y el patrimonio invisible que llevamos tatuado debajo de la piel de pecho.

Quiero destacar a los relatos excepcionales de ‘Capá prieto’:
‘Ama de leche’
‘Periódicos de ayer’
‘La cucaracha y el ratón en la biblioteca’

Elementos narrativos importantes de ‘Capá prieto’
-El recuento histórico.
-El preciosismo o la contemplación trabajados con objetividad.
-La nostalgia y el patriotismo.


Próxima entrada (¡es gratis!): El fondillo maravilloso

viernes, 27 de abril de 2012

Libro decimoctavo: Vivir del cuento


 Vivir del cuento
de Juan Félix Algarín Carmona, Isamari Castrodad, Shara Lávender, Blancairis Miranda-Merced, Héctor Morales Rosado, Luccia Reverón, Sandra Santana Segarra y Andrés O’Neill

     ‘Vivir del cuento’ es la segunda antología de cuentos de autores puertorriqueños que leo. He notado que me he extendido mucho en mis ultimas entradas del blog, así que solamente comentaré los reatos que más me han llamado la atención, ya sea por buenos o por malos.

     ‘Semáforo’, de Isamarí Castrodad, es un relato breve con una estructura muy original. A medida que se mueve la corta historia se anuncian los cambios de luz de un semáforo, indicando las etapas de un trágico accidente en donde una drogadicta es atropellada por un automóvil. Su compañero de pedir dinero en la luz la recoge y da toda su colecta para comprarle una última inyección a la moribunda. La brevedad, la intensidad y la tragedia que ‘Semáforo’ recoge se amontonan rápidamente para robarnos algo del corazón cuando leemos la última línea del relato.

     ‘La verdad es que estas cosas solo me pasan a mí’, de Héctor Morales Rosado, cuenta las vicisitudes que pasa el amante de una mujer casada. Al final comprende, como en una especie de momento introspectivo y por palabras de uno de sus buenos amigos, que el verdadero ‘cabrón’ era el.

     ‘La cabeza de Medusa’, de Blancairís Miranda Merced, es una especie de caricatura que muestra cómo las tragedias se convierten en espectáculos y exhibiciones en los que el único que nunca se divierte es la víctima. Este cuento-caricatura retrata en cierta manera a la cultura puertorriqueña del festejo y el morbo, y nos dice que nos olvidamos del necesitado en el primer momento en el que se nos presenta un salvador o un motivo para deshacernos de nuestras responsabilidades. Siento que este cuento merece un análisis más profundo por todo lo que dice de nuestra cultura idólatra, pero yo no lo voy a hacer en este espacio.

     ‘Despertar’, de Sandra Santana Segarra, es una pequeña muestra del origen de casi todos los problemas en las sociedades machistas. Con menos de dos páginas Santana se las arregla para exponer en qué momento preciso es que nuestra inocencia se ve trastocada por la violencia, dando paso a ese ‘despertar’ malicioso y terrible. Este es otro relato que fácilmente puede funcionar como una tesis sociológica. Excelente cuento.

     El final de ‘La hippie flaca de Cape Cod’ me decepcionó un poco. Al principio me gusta mucho por el tono aventurero del relato, luego por las descripciones de la mujer, que van y vienen entre la hermosura y la repulsión. Sin embargo, la expectativa se diluye con un final que no está malo, pero que se pudo haber trabajo mejor.

     En ‘El intruso’, sin embargo, Luccía Reverón hace una especie de calco de la idea que utilizó Miguel de Unamuno en su novela ‘Niebla’, en donde uno de sus personajes se le revela a él, al escritor. En ‘El intruso’ también hay un giro de locura que nos sorprende al final y que, de manera agradable, no se siente forzado. Sin embargo, no puedo evitar pensar en la otra obra cuando lee este relato.

     Tengo opiniones divergentes con el relato ‘Llegaron pa’ quedalse’, de Blancairís Miranda-Merced. Por un lado me divirtió la voz narrativa que eligió la autora. Utilizó un personaje puertorriqueño callejero que narra de manera muy pintoresca su supuesto encuentro cercano con una visita extraterrestre. Pronto nos enteramos de que probablemente está utilizando la historia fantástica para encubrir un asesinato, pero al final, sucede algo que valida su versión descabellada de los hechos. El relato tiene un final sorprendente, una narración intrépida y divertida. El problema, precisamente, es que se notan fácilmente una serie de oraciones innecesarias que desenfocan el relato y exageran un poco la nota de la historia. También entiendo que abusa del lenguaje vulgar en el sentido de que mutila casi todas las oraciones a un nivel caricaturesco e inverosímil. Quizás con una ligera revisión del tono utilizado se pueda lograr esa armonía tan atractiva entre los fabuloso y la realidad; la de la calle verdadera.

     Cuando escribimos historias, usualmente es bien difícil generar una atmósfera que transmita una sensación específica y que mantenga al lector encasillado hacia un destino preciso, que es el desenlace de la historia que pretendemos contar. ‘Los Dieppa’ es un relato de misterio que me sumergió en su intriga desde el principio. Casi ninguna de sus palabras está demás; son exactas y aumentan el suspenso hasta el final, con un desenlace desesperante que fue producto de la carga emocional que provocó en mí mientras lo leía. ‘Los Dieppa’, de Sandra Santana Segarra, ha sido el cuento más gratificante de esta antología literaria. Es un éxito, al igual que ‘Despertar’, de la misma autora.


     ‘Tarde’ es el tercer y último relato de Sandra Santana Segarra en la antología de ‘Vivir del cuento’. Al igual que sus otro dos relatos, este también es excelente, aunque no tanto como ‘Los Dieppa’ o ‘Despertar’. De todas maneras sobresale sobre sus compañeros porque cuenta sus historias con precisión y economía. Construye finales sorprendentes que a la misma vez invitan a la reflexión porque cada relato va cargado con un trasfondo sociocultural universal. Sus ideas son bien pensadas porque podemos ver que nos está transmitiendo algo mucho más trascendental que lo que simplemente se nos está narrando. Puedo ver que a Santana Segarra le preocupan mucho los temas del origen de los problemas de la mujer moderna. Los escribe tan y tan bien que no podría decir con facilidad si ella pretende un sarcasmo, una burla o una reivindicación de sus personajes, que pueden ser muchas personas reales. Como soy un tipo cursi me inclino por pensar que la autora prefiere presentarnos personajes imperfectos, o sea, personas humanas, reales, que aún con todas sus faltas podemos seguir sintiendo su dolor. Esa clase de empatía que ella logra que sintamos por un anti-héroe o por una persona ‘dañada’ (copiado del inglés) es admirable y requiere de mucha destreza. Me encantaría leer una novela o un libro de cuentos de Sandra Santana Segarra. Quiero ver que siga cultivando esta visión narrativa tan delicada.

     ‘Pai Primo’, de Juan Félix Algarín Carmona, es como una larga estampa que solamente se justifica como relato cuando unimos el primer pedazo de la narración con el último. Es una buena historia costumbrista, pero si se le quita todo el relleno preciosista y se unen directamente el principio con el final hubiese funcionado igual, quizás hasta mejor. Uno o dos párrafos de descripciones, una página al máximo, hubiesen sido suficientes para la ambientación que el autor buscaba.

     ‘Caricias que matan’, de Blancairis Miranda Merced, es el primer microrelato que me llama la atención en esta antología. El final me erizó los cabellos. Muy bien construido.

     Al final del libro tenemos el tercer cuento de Andrés O’Neil: ‘Odas para el fin’. Primeramente tengo que decir que mi opinión sobre este relato va a estar prejuiciada por mis gustos musicales. ‘Odas para el fin’ es un cuento lleno de energía y desespero emocional. Un joven va conduciendo una Corvette por la autopista a más de cien millas por hora. Es de noche y va escuchando un ‘mix’ de música de rock pesada que preparó para esa ocasión especial: la noche de su suicidio. Adrés O’Neil construye una atmósfera de tensión emocional en el lector debido a la conducta arriesgada e irresponsable del personaje principal. Sin embargo, a medida que la velocidad aumenta y las diferentes canciones van pasando, el joven muchacho va haciendo un recuento de los momentos más alegres de su niñez, y luego cómo esas preciosas memorias se vieron trastocadas por el abuso sexual que recibió por parte de un sacerdote. Uno diría que esta es otra historia más de abuso, de las que ya nos hemos ido inmunizando, desgraciadamente. Sin embargo, la atmósfera y el trasfondo que el autor eligió son geniales; la ira y el desespero se sienten perfectamente, hasta el último momento, el final del libro, el final de la vida del joven muchacho, y el final de la canción ‘Auf Wiedersehen’, de ‘Cheap Trick’. Dije que estaría prejuiciado porque me dio con buscar esta canción en ‘YouTube’ y (tengo que admitirlo; nunca había escuchado a Cheap Trick) mientras leía el final podía escuchar el por qué de la decisión literaria de Adrés O’Neil, algo muy parecido a lo que hizo más recientemente Maira Landa en su novela ‘Concierto para Leah’. Hice trampa, pero viví uno de los mejores finales que he visto para un libro de cuentos.

     Al fin y al cabo, he vuelto a prolongarme con mis comentarios. Ni modo.  Me divierto escribiendo. No puedo pellizcarme la mente, como cuando estoy soñando.

Mis relatos favoritos han sido:
‘Semáforo’ (Isamari Castrodad)
‘Despertar’ (Sandra Santana Segarra)
‘Los Dieppa’ (Sandra Santana Segarra)
‘Tarde’ (Sandra Santana Segarra)
‘Caricias que matan’ (Blancairis Miranda Merced)
‘Odas para el final’ (Andrés O’Neil)

Elementos literarios sobresalientes:
-El estructuralismo.
-La técnica del ‘iceberg, o el microrelato, y la brevedad en el resto de los cuentos.
-Referencias a la cultura popular.
-Costumbrismo, en algunos relatos.


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