lunes, 13 de febrero de 2012

Interludio primero: La jornada hiperrealista


     Ahora me detengo. Boccaccio hacía las cosas de diez en diez, y yo, como buen fanfarrón, me quiero copiar un poquito. En Puerto Rico hay buenos cuentistas. Los estilos son variados y la creatividad no tiene limites, pero he notado, al menos en estos primeros diez libros, que existe un elemento que tiende a repetirse de manera casi obsesiva en la narrativa puertorriqueña contemporánea. Es el hiperrealismo.


     Aparentemente, el hiperrealismo es lo mejor que se nos da. La crueldad (‘La belleza bruta’), la sexualidad (‘5 minutos para ser infiel’, ‘Avalancha’), el retrato cotidiano de las vidas atropelladas de nuestros personajes resulta sensual porque, efectivamente, dominamos el arte de crear mentiras sobre la violencia. No me sorprende. Si pudiese declarar de la manera más redundante alguna conclusión obvia en este espacio de comentarios y de lectura, sería que la mayoría de los escritores puertorriqueños contemporáneos han abrazado su cultura violenta para escribirla. No importa si el autor es académico (‘El oficio del vértigo’) o juvenil (‘La vida a ratos’), el personaje violento y violentado, la psiquis trastocada, la ficción dentro del realismo estruendoso de la narrativa local es impresionante y significativa.

     Por ejemplo, he notado que nos preocupa mucha la sexualidad (la piel), que nos fascina los personajes traidores e individualistas (‘Cuentos traidores’). Tal parece que escribimos sobre antihéroes todopoderosos dentro de su desgracia y su miseria, ya sea material, espiritual o ambas. También he visto que tendemos a trastocar esa realidad tajante con súbitas exageraciones (‘Reyerta TV’) o, en algunos casos, fantasías que rayan en lo inverosímil (‘Mundo cruel’, ‘En el ojo del huracán’) para abolir esa tragedia hiperrealista a la que tendemos a someter nuestra narrativa.

     Tengo que resaltar dos libros extraordinarios de esta jornada:

‘La belleza bruta’, de Francisco Font Acevedo
‘Mundo cruel’, de Luis Negrón

     Todo puertorriqueño amante de la lectura debería conocer, al menos, estos dos libros poderosos. Aquí les dejo un repaso de imágenes, para que reconozcan las portadas de los libros de la primera jornada:

 







Libro onceavo: Gotcha

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