jueves, 15 de marzo de 2012

Libro decimotercero: Los deambulantes


Los deambulantes
de José Vilasuso

     'Los deambulantes' es una publicación independiente, y el autor se ha tomado unas licencias de lo más interesantes para crear su propio estilo narrativo. Al principio de cada relato, antes de cualquier título (cosa editorialmente incorrecta, por lo que he escuchado), José Vilasuso nos regala una pequeña introducción a modo de prólogo, digamos, para crear un trasfondo o engancharnos desde antes de comenzar a leer a la historia principal. Tengo que confesar que gracias al formato y construcción del libro, al principio me resultaba difícil entender qué era aquella narración que de repente me comenzaba a hablar de algo totalmente diferente, pero rápidamente entendí que era algo que iba sobre el título de cada relato, y que no era otra cosa que un preámbulo al relato. Quizás si se les hubiese dedicado un espacio aparte, una página, no sé, algo que los separara mejor de la narración anterior, a lo mejor era más fácil entender la peculiar licencia narrativa que se toma Vilasuso en este libro.

     Por ejemplo, en el primer relato, ‘Los deambulantes’, tenemos una especie de prólogo de más de cuatro páginas. Pero no es el prólogo del libro, sino el prólogo del cuento, cosa que comprendemos al comenzar a leer el primer relato. No quiero hablar mal de esto porque, sinceramente, funciona como ambientación preliminar. En ‘Los deambulantes’ vamos echando unos vistazos al día metropolitano de varios personajes cotidianos, incluyendo a un par de indigentes y una señora con buenas intenciones. Básicamente, es una pequeña novela muy colorida en donde el autor aprovecha la repetición, el diminutivo, la ironía y el lenguaje callejero para crear un ritmo narrativo muy peculiar que desemboca en la realidad del ‘oficio del deambulante’.

     Luego de ‘Los deambulantes’ nos encontramos con la narración del punto culminante de un partido de pelota. Son cuatro páginas de adrenalina en las que los narradores del juego van también arrojando luz sobre el pasado de los jugadores, y bien podría funcionar como un solo relato. Ahora bien, al cabo de la cuarta página nos encontramos con el título del segundo cuento: ‘El mejor premio para una madre’, y mientras lo vamos leyendo nos damos cuenta de que la situación del partido de pelota funciona como una especie de paralelismo o contrapunto narrativo que nos revela una gran sorpresa justamente con la última frase del epílogo del cuento. Aquí debo detenerme a comentar que ‘El mejor premio para una madre’ fácilmente puede funcionar como una pequeña novela. Tiene varios conflictos, personajes que evolucionan y situaciones diferentes que van desembocando una tras otra dentro del torbellino de una espiral existencial que sacude el estilo de vida de una joven estudiante universitaria.

     Estos dos cuentos parecen ser la atracción principal del libro debido a su extensión y complejidad. Sin embargo, el tercer relato, un cuento corto titulado ‘La burla frustrada’ es mi cuento favorito de ‘Los deambulantes’. Realmente son dos cuentos en uno pues se trata de un chico cuentista que descubre el mundo de la imprenta y es atormentado por su maestro de salón hogar, quien se mofa de sus cuentos y de sus dibujos. Para vengarse, hace que su maestro lea en frente de todo el salón una de esas historias de las que tanto se mofa. Entonces el autor nos entrega la versión completa del relato del niño, una historia de piratas y de un médico que quiere mayor respeto. Es impresionante porque fácilmente nos damos cuenta de que el médico del barco pirata y el niño cuentista del salón de clases pueden ser la misma persona. Inclusive, el niño le revela al maestro un posible futuro de tragedia en el que el médico/estudiante prefiere saltar al mar y perderse que seguir tolerando los malos tratos de su capitán y de sus compañeros. No es otra cosa que un paralelismo ingenioso y muy bien logrado que nos cuenta una historia a través de otra, y viceversa, mientras sugiere una crítica al modelo de enseñanza del sistema de educación actual.

     Luego del mejor cuento viene otro pedazo narrativo que nos introduce a ‘Los patinazos del padre Suárez’. El autor utiliza una discusión de barra entre un sacerdote que busca nuevas maneras de capturar a la feligresía y un indeseable que lo juzga por su ‘liberalismo’, dándonos un sabor de la hipocresía y la presunción estereotipada de la gente.

     ‘El galleguito misterioso’ es otro relato que solamente comprendemos con esa última frase sorpresiva. El cuento me deja con algunas dudas con respecto a los hechos que se presentan en la narrativa, pero temáticamente parece un injerto entre ‘La burla frustrada’ y ‘Los patinazos del padre Suárez’. También, a las alturas de ‘El galleguito misterioso’ fue que vine a darme cuenta de algo muy curioso. Vilasuso tiende a narrar sus historias como lo haría Emilio Díaz Valcárcel. De repente convierte la voz narrativa en la voz de alguno de los personajes sin la necesidad de acotaciones o marcas de diálogo. Esto muy difícil de lograr porque muchas veces nos resulta muy abrupto el cambio entre el tono y la forma de hablar del narrador y la del personaje. Sin embargo, Vilasuso lo hace tan perfectamente que, en mi caso, no fue hasta el final del libro que vine a darme cuenta.

     ‘Un plato de lentejas’ es otro relato breve de Vilasuso que me ha gustado mucho. Un hombre, aparentemente un sacerdote, visita a una mujer a la que llaman La Tintorera para pagarle por un plato de lentejas. Vemos cómo todo es parte de un ritual erótico que raya en la prostitución, pero que se nos pone en perspectiva con el final en donde  sabemos que la mujer está casada, que el esposo conoce lo que su mujer está haciendo, y que no le importa porque él puede estar haciendo lo mismo por la noche. Dos giros en uno. Muy bueno.

     Al final de algunos relatos también encontramos un fragmento concluyente bajo el nombre de ‘epílogo’. A veces resulta indispensable conectar el relato con este último pedazo narrativo para redondear el conflicto y entender completamente la historia. Por ejemplo, en ‘El mejor regalo para una madre’ no es hasta la última frase del epílogo que comprendemos lo que había estado sucediendo a lo largo del paralelismo o contrapunto que el autor ha construido. Así, junto a la ya mencionada introducción, Vilasuso nos hilvana una serie de pequeñas novelas, al estilo de Miguel de Unamuno, digamos, por lo breve.

     José Vilasuso y ‘Los deambulantes’ son una pareja a la que hay que leer con cuidado. Entre el vocabulario callejero de los personajes hay un narrador elocuente y, a veces, un poco rebuscado, que se preocupa por arrojar colores y sobretonos populares de una manera elegante. Al final, igual que con el efecto Valcárcel, también me he dado cuenta de que lo que hace a ‘Los deambulantes’ de Vilasuso diferentes es la manera de contar como si estuviésemos escuchando al narrador en persona, y no meramente como si estuviésemos leyendo un libro. En otras palabras, son ‘cuentos contados’, como dijo alguna vez Gabriel García Márquez en un congreso de escritores. Tan pronto comprendemos esto, entendemos que no estamos leyendo una serie de historias, sino que realmente nos las están contando.

Mis relatos favoritos han sido:
‘La burla frustrada’
‘Un plato de lentejas’

Elementos sobresalientes:
-La novela pequeña, a la Unamuno
-El contrapunto o paralelismo narrativo
-El ‘cuento contado’, según dice Gabriel García Márquez
-La voz narrativa majadera, a la Valcárcel


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