sábado, 14 de julio de 2012

Libro vigesimocuarto: Los cuentos de mi abuelo y otros cuentos de camino


Los cuentos de mi abuelo
y otros cuentos de camino
de Efrén F. Ríos Santiago

     Esta publicación independiente es un pequeño texto que recoge una serie de historias populares o de familia que se conocían en el Puerto Rico de hace más de medio siglo.

     Efrén F. Ríos Santiago trata de coleccionar las historias de fantasmas, aparecidos, y otros mitos rurales del Puerto Rico de antaño. También las complementa con algunas fotografías muy bienvenidas de los lugares a los que hace referencia. El problema es que no todas las historias son cuentos. Las que sí lo son, se quedan con un desenlace impotente, como si se negara a sí mismo el placer de haber contado ese poquito más. Compré el libro con la esperanza de leer historias antiguas convertidas en relatos literarios, pero la mayoría, aunque sí tienen la estructura elemental de un cuento (situación conflictiva, personaje principal, unidad temática, etc.), me dejan deseando un poco más —solo un poco más.

     Los relatos tienen una belleza sencilla, sin pretensiones, las historias son todas cortas y a veces divagan en detalles ajenos a la historia misteriosa o al mito rural, que es lo que nos llama la atención. Hay mucha nostalgia en los relatos de Ríos Santiago, cosa que a veces entorpece su arte narrativo.

     Personalmente, no me importa mucho si los relatos exponen un conflicto claro o de trascendencia. Entiendo que también me puedo disfrutar una historia si está narrada con delicadeza y buen uso del lenguaje. Algunos relatos de Ríos Santiago lo logran. A veces me recuerda lejanamente al escritor dominicano Juan Bosch por su prosa depurada y clara. Sin embargo, Efrén F. Ríos Santiago nos siempre es muy preciso. Como ya he mencionado, divaga mucho en recuerdos nostálgicos.

     A veces me molestaba al leer alguno de los cuentos de Efrén F. Ríos Santiago porque llegaba al punto que podía haber un desenlace elevado, sorprendente y sobrecogedor, como en ‘La deuda’ o en ‘El tesoro’, pero se quedaba en lo chiquito y apenas trascendía el potencial literario que, al fin y al cabo, se quedaba dormido. Entiendo que son los relatos clásicos que aprendió de su abuelo y que por lo tanto pretendió dejarlos con la mayor claridad y fidelidad posible, pero creo que es imperdonable haber dejado pasar varias oportunidades literarias tan excepcionales. Con una sola oración que diera un giro de tuerca o una revelación (in)esperada, cada relato de este libro podía haber sido algo más. A veces sentía que me elevaba hasta las nubes con la promesa de ver el rostro de Dios, pero entonces me dejaba caer desde el cielo y destruía la fe literaria que había cultivado en mí hasta ese momento.

     Otras veces, irónicamente, luego de haber concluido el relato con un desenlace satisfactorio, le añade una oración, o hasta un párrafo más, que explica de manera redundante lo que ya se había sobreentendido. Esto sucede, por ejemplo, al final del simpático relato ‘El espíritu travieso’. Otros, como ‘El ángel del hospital’ y ‘¡Por mi madre!’, terminan de manera precisa, adecuada y económica.

     Sí, tengo que dar justicia a las excepciones. En este pequeño libro hay un cuento que ni siquiera parecen pertenecer al mismo texto. Es tan diferente en estructura, tono y lenguaje, que sobresale como lo que debían haber sido los demás relatos que se cuentan aquí. ‘La maldición’ es un relato que comienza en primera persona, con mucha energía, in media res; el conflicto es clarísimo desde el principio: la protagonista corre peligro al ser diagnosticada con lepra. Este relato se aleja de la estructura de los otros relato del libro, que son todos narrados en tercera persona y hacen alusión a alguna remembranza del autor. En ‘La maldición’ el autor desaparece por completo. Su personaje se apodera completamente de la acción y desemboca en una resolución mágica: la protagonista es asesinada con fuego y se convierte en un espíritu piromaniaco. Me fascinó esta idea vengativa. Aquí cito una parte poderosa de la narración, lo más literario de este libro, en mi opinión (me perdonan la rima):

“A los tres meses del incidente, cuando ya nadie comentaba el mismo, explotó una caldera en la central azucarera y comenzó un fuego. Me vi atraída al mismo y me trasladé a la central. Pude ver a varios de los que habían participado en mi asesinato. Al acercarme a ellos el fuego me seguía y formaba parte de mi cuerpo y me di cuenta de que había llegado el momento de hacer justicia. Me aproximé a todos los que me habían lastimado y los abracé…”

¡Esto es narración literaria! No le perdono que repita tanto la palabra ‘fuego’, pero es lo único que le voy a criticar en ‘La maldición’.  Desearía que todos los cuentos de Ríos Santiago fuesen así.

Mis cuentos favoritos han sido:
‘La maldición’
‘La hechicera’

Elementos narrativos que sobresalen:
-Unidad temática (cuentos de aparecidos y fantasmas).
-Estructura narrativa clásica (exposición, nudo, desenlace, con la excepción de ‘La maldición’, que comienza en medio de la acción, o in media res, y el último cuento, ‘El ánima en pena’, que comienza con la noticia de un suceso misterioso).
-Brevedad; todos los relatos son cortos, de una o dos páginas.
-Aunque no se queda en la mera estampa costumbrista o folklórica, sí da a impresión de contenerse en casi todos los desenlaces, como si sufriera de una anorgasmia literaria.


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