viernes, 22 de febrero de 2013

Libro vigesimosexto: Cuentos para jóvenes menores de 99 años


Cuentos para jóvenes menores de 99 años
de José Vilasuso

     Luego de una divagación prologuista, damos con el primer cuento, titulado ‘El mejor restaurante de Río Piedras’. Llama la atención el epígrafe: una carta de los platos que se sirven en el restaurante. Luego comienza a modo clásico, con una introducción un tanto lenta y apalabrada. Sin embargo, vale la pena esperar hasta las próximas escenas del cuento para ver el nacimiento de la trama: un montón de gente visita el restaurante, aunque no van a comer. Queda la incógnita latente de qué es entonces lo que la gente va a hacer al restaurante, cosa que se disfraza muy bien, precisamente, por los juegos fonéticos y aliteraciones, a veces excesivas, de la prosa de Vilasuso.
     El final definitivamente es sorpresivo, lúdico y desenfadado. El mérito de ‘El mejor restaurante de Río Piedras’ definitivamente reside en crear la interrogante sin que nos molesten demasiado las distracciones que el narrador hilvana a propósito. Al final, en parte nos engaña, en parte nos recompensa. Buen cuento, después de todo.

     El segundo cuento, ‘El hombre más feo de Bayamón’, comienza in media res, con mucha más fuerza. Vemos la trama en seguida: hay un incendio en la Plaza de Mercado. Sin embargo, de repente comienza una divagación sobre la naturaleza del protagonista feo, cosa que se desvía de la acción. A pesar de todo, la divagación a veces se torna divertida:

“...no fue nada extraño que alguno de los apasionados polemistas le transmitiera dudas tan indiscretas como: si se haría la cirugía plástica cada año, si su cráneo mongoloide rendía planilla por separado, o los colmillos de tigre se los cepillaba con dentífricos importados de Africa Ecuatorial. De inicio ante tales indiscreciones Triple nada tenía que responder.”

     Así el incendio queda como una distracción y el resto del cuento se va en las cuitas del miserable feo de Bayamón. Al final aparece un biógrafo que le entrega su libro y lo trata como ciudadano ejemplar. Sin embargo, a pesar de la salvación popular y la posible insinuación moralista, el feo no se salva de su condición; el cuento tampoco.

     Entonces encontramos un cuento excelente: ‘Cuidado con los ruidos’. Aquí seguimos a un hombre que padece de pérdida de la vista y que encuentra la salvación ocular no en trasplantes, no en operaciones con láseres, sino en unos nuevos espejuelos milagrosos. Como el protagonista es torpe, extravía el estuche y cuando regresa a la farmacia (porque no requieren receta médica) para adquirir uno nuevo, le informan que han sido retirados del mercado porque los oftalmólogos han demandado al fabricante por daños y pérdidas cuantiosas. Esta idea contrasta con el final agradable y desenfadado ya que refleja una realidad que ha sido señalada hace algún tiempo: que los intereses médicos a veces promueven el deterioro tecnológico y la salubridad barata y eficiente pues representan una amenaza a la economía profesional. Lo único que no entiendo del cuento es el título: ‘Cuidado con los ruidos’. La única conexión razonable que le encuentro vendría al final del cuento, y solo como una lúdica ironía. De todas maneras, esto es un detalle casi insignificante pues el cuento, como dije al principio, es excelente.

     En el cuarto relato, ‘Memorias de una maestra’, vemos otro genial uso del epígrafe. Esta vez se trata de una invitación de la universidad a la presentación de un nuevo libro de una de sus profesoras. Las primeras escenas son una serie de cuadros espectaculares sobre los preparativos, el preámbulo y la presentación. A pesar de que no sucede nada con respecto a la trama, las descripciones son vivas y muy familiares, pues todos hemos visto en persona lo que en el papel retrata el autor.
     El conflicto viene luego, con la preocupación de un compañero de trabajo de la universidad que le indica a la autora del libro que su publicación le traerá muchos problemas. Y el caso es que el libro parece ser una caricatura de la administración de la universidad. El tipo le recalca el vaticinio de la perdición académica, con el despido inminente incluido. Sin embargo, la autora, casi ignorándolo, al final, despacha todas estas preocupaciones con una solución elemental, graciosa y muy propia del lector puertorriqueño. Me exprimió una sonrisa este relato.

     En ‘Un cerebro en venta’ vemos a un capitalista exitoso que utiliza su fortuna para publicar un libro de ciencia ficción. La historia en sí es interesante, pero la extensa introducción y la gran cantidad de referentes a personajes importantes del mundo de la publicidad (creo) me aburrieron mucho al principio. Hay una situación que se demora en desarrollar, en parte por los diálogos fragmentados e inconsecuentes, y por otra parte también perjudican las frecuentes divagaciones pueriles. En resumidas cuentas, un diario publica un cuento que provoca un ataque en la editorial. Al final del relato hay un epílogo en el que se presenta el cuento provocador del ataque, y es, en mi opinión, la verdadera parte graciosa o genial de ‘Un cerebro en venta’.

     El último relato se titula ‘El circo de Gavetín’ y funciona como una caja china en la que se cuentan en orden de aparición los trucos y espectáculos de los diferentes integrantes del circo. Cada una de  las escenas o cuentos de ‘El circo de Gaventín’ tienen un desenlace simpático. El último, titulado ‘El tiburón invencible’, deja ver cierta tonada patriótica al final, aunque puede sonar un poco halada por los pelos. De todas maneras, son los cuentos más divertidos de ‘Cuentos para jóvenes menores de 99 años’.

Mis cuentos favoritos son:
‘Cuidado con los ruidos’
‘Memorias de una maestra’

Elementos narrativos importantes:
-Ingeniosos mini-prólogos o antesalas narrativas para la mayoría de los cuentos.
-Abuso de la aliteración y repetición de ciertos fonemas, a veces sin propósito funcional aparente.
-Estructura clásica de introducción, desarrollo y desenlace.
-Descripciones abundantes y detalladas.
-Desenlaces desenfadados y divertidos, en su mayoría.


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