miércoles, 18 de abril de 2012

Libro decimoséptimo: Cada vez te despides mejor


Cada vez te despides mejor
de José Liboy Erba

     Debo admitir que cuando terminé de leer el primer relato ya había perdido las ganas de seguir leyendo el libro. No me gustó ese primer relato. Sin embargo, casi una semana después me dije “fue solo el primero; hay otros 38 que pueden ser mejores”. De manera que cuando terminé de leer el segundo relato, “Cine Río Piedras”, de repente sentí que estaba leyendo otro libro completamente. ‘Cine Río Piedras me gustó mucho’; aquí tienen una pequeña cita:

“Si hubiese un segundo diluvio universal, Dios le ordenaría a Noé que construyera un cine. Las parejas de enamorados llegarían por su cuenta.”

     Con una brevedad agradable, Liboy Erba hace un planteamiento romántico-existencial sobre el destino y la utilidad de los cines y de la naturaleza de los amantes y las parejas de enamorados, todo esto mientras nos cuenta una historia de una manera divertida, a pesar del monólogo interno.

     El tercer relato es igualmente impresionante. ‘La dificultad de mantener una hombría’ es un gran acierto en términos de creatividad pues, con elementos totalmente cotidianos, nos presenta una historia que raya en lo descabellado y fantasioso, pero que no nos hace dudar ni por un momento el propósito metafórico y crítico hacia el machismo y cómo destruye y deshumaniza ‘al pueblo’ y a ‘la familia’. Para que tengan una idea de la genialidad de este texto, aquí les dejo una cita de ‘La dificultad de mantener una hombría’:

“Mi muchacho me contó que vieron a Heráclito poniendo una flor que no se desmigajaba en la tumba de su mujer. El muchacho de mi amigo me contó que lo vio llorar… Heráclito se atrevía a ser marica.”

     ‘La poética de Antonio García’ es otro relato que llama la atención porque convierte al terrible y conocido ‘Toño Bicicleta’ en una especie de poeta fracasado que se valía del asesinato para librarse de “la esclavitud de las palabras”.

     Más adelante en el libro (y para no detenerme en cada uno de los treintainueve relatos) me encuentro con un pequeño relato titulado ‘Isabela’ que, aunque simple y pasajero, no se me escapa el hecho de que esta es una reacción que me ha provocado el mismísimo cuento. No es un aspecto de la estructura o de su calidad literaria; ‘Isabela’ retrata con prisa, casi con nostalgia, el modo de vida en un pueblo pequeño, o quizás el choque de volver (o de querer volver) luego de quedar tanto tiempo lejos.

      Enseguida nos encontramos con ‘La vieja ambulancia’ que, aunque no es un relato particularmente impresionante, utiliza una de mis técnicas favoritas: la intratextualidad, en específico con el relato anterior, ‘Isabela’. El cuento es realmente tedioso, y solamente lo salva el final que nos hace compadecernos del dolor oculto que sufre el personaje principal. Aún así, el mero hecho de tener un final acertado y emocionante, no justifica dar una lata aburrida y a lo largo del resto del texto. Para mí, eso no funciona.


     En ‘Cada vez te despides mejor’ hay una serie de relatos que tiene versiones alternas. Por ejemplo, tenemos ‘La cocina’ y ‘La cocina (Segunda versión)’. Así también están ‘El piano’ y Hortensia’. La primera versión de ‘La cocina’ me causó mucha confusión; leerlo no fue una experiencia agradable. Si hay algo importante que un escritor debe tener en cuenta al escribir narrativa es que al leerla el lector debe sentir que es más inteligente que el autor. Eso es como una ley, y demuestra, irónicamente, que el autor realmente se las ha ingeniado para lograr producir esta sensación en el lector. Yo me he sentido inepto e indigno de entender ‘La cocina’. Para colmo, enseguida me encuentro con una segunda versión de la misma historia (como si fuese una apología a la confusa historia original). La segunda versión aparentemente está contada desde el punto de vista de un hombre que en el otro cuento era un niño y personaje secundario. Es divertido leer la misma historia desde dos perspectivas tan diferentes; lo que no es bueno es que el primer cuento dependa del segundo para que haga sentido completamente. Se supone que un cuento sea autónomo, independientemente de que encierre un intratexto o una referencia histórica, entre otras cosas.

     En ‘La tercera versión’ siento desde el principio que viene un peligroso final predecible. En realidad se trata de un relato chejoviano que no tiene nada que esconder y que se vale meramente de lo que hacen o dicen los personajes para contarnos con toda la sinceridad del mundo la historia de un atribulado escritor que tiene problemas mentales y que quiere recuperar a su ex esposa y a su hijo. Es con este tipo de relato que odio no poder comentar el texto de una mejor manera porque realmente la magia no está en lo que se dice, sino en cómo se dice. ‘La tercera versión’ es un cuento excelente (y no tiene que ver nada con el cuento ‘La cocina’).

     ‘Las guirnaldas’ es un relato gracioso. Básicamente, el personaje principal cuenta con sorprendente elocuencia una retrospección en la que su vecina le coquetea y se le insinúa. Yo creo que lo genial del relato está en contar una historia descaradamente simple con oraciones muy pensadas y muy bien estructuradas. Otro aspecto admirable del relato es que tampoco cae en la lata, considerando el estilo narrativo cómico. Por otro lado, sí me parece que hay una leve variación en el tono cómico a mitad del relato, pero se recupera al final, cuando cierra con esta memorable hipótesis:

“La gente no quiere tomar responsabilidad de sus propias fantasías, quizás por eso buscan a otros que les ayuden a conseguirlas.”

     El cuento que sigue es aún mejor. ‘Los enfermos del Dr. Clemencio Batista’ es otro relato divertido e ingenioso que cuenta el clásico cliché del ‘mal de amores’ como una verdadera enfermedad (¿acaso no lo es?). De momento parece sucumbir a la payasada ocasional:

“Es decir, necesitaba una (mujer) como el bacilo de Koch; letal por cualquier ángulo que se le mirara.”

Pero en otros momentos el humor simplemente se convierte en algo bello:

     “La idea era provocar que Canario se enamorara de Dora, luego tomar nota de sus actos, que revueltos en su mentalidad poética serían suficientemente elocuentes para inventar una nueva enfermedad.”

     Aunque este relato presenta ciertos descuidos esporádicos por el lado del humor, realmente no me molestan porque son la consecuencia de un atrevimiento a darle colores más brillantes a las oraciones. Prefiero sonreírme con una bromita pasajera y disfrutar del resto de la prosa intrépida, que chuparme un bloque de texto aburrido con la esperanza de encontrarme con un final justiciero que a veces, honestamente, no llega.

     Pasando de largo un par de cuentos, tenemos a ‘Marido perdido’. Aquí el autor establece una serie de símbolos ingeniosos para contarnos cómo hace un pseudo-detective para lidiar con la resolución de un extraño caso de desaparición. Lo importante de este relato no es la historia detectivesca, sino el significado que poco a poco va cobrando sentido con los extraños símbolos que el autor establece, creando una historia detectivesca dentro de otra.

     El primer párrafo de ‘La buena buruquena’ concluye de la siguiente manera:

“Música de secretaria en celo entra por mis riñones, suavemente. De pronto salgo gritando por la sala y la señora me mira. Voy a la cocina de nuevo y me sirvo café.”

No puedo dar una opinión honesta sobre este relato, ni siquiera una conjetura pretenciosa porque, sinceramente, no entendí nada. Por lo menos no me sentí 'indigno'. Solo quería decir eso. Siguiente relato.

     “(La miseria) es una droga y no crea hábito” es un excelente relato breve que captura la vida miserable de un aparente inmigrante en un lugar al que no logra adaptarse completamente. El único problema que tengo con el relato es que al final, en el último párrafo, me encuentro con una especie de reflexión o divagación filosófica que involucra el cigarrillo, la costumbre y la miseria. Creo que ese final no funciona porque en el párrafo anterior ya tenía la impresión de que el relato había acabado perfectamente.

     Luego vienen las dos versiones de ‘El piano’. ¡Estas sí las entendí! La temática no es común pues habla de un hombre joven que hace una introspección de su niñez al conocer a una mujer que tiene un niño sin padre. Mientras el autor nos cuenta la extraña relación, a la misma vez nos relata parte de la niñez de este hombre joven que llega a querer a la mujer y a su niño. En la segunda versión podemos encontrar esta hermosa línea:

“Yo sabía que una persona que vivía cerca de una carretera al menos tenía todavía la esperanza de recuperar a un familiar.”

Sin embargo, es también en esta segunda versión de ‘El piano’ que vemos de trasfondo una especie de historia del origen del libro de Liboy Erba. No es algo descabellado, pero me rompe con la bella ficción que (haya o no haya sido realidad) me va construyendo sobre esta especie de cuasi-familia.

     Luego de otros cuantos relatos tenemos a ‘Noches de Bengala’, que es probablemente el relato que más he disfrutado en ‘Cada vez te despides mejor’. Este relato es una ficción muy bien lograda, sencilla, con algo de palabrería redundante al principio, pero no es mucha. Es un cuento breve que habla de la locura, de la miseria (mejor que en ‘(La miseria) es una droga y no crea hábito’), de la solidaridad, de la aventura y del amor. Todo en un par de páginas. ‘Noches de Bengala’ es una experiencia literaria exquisita. Aquí la palabra escrita se transforma en belleza espiritual, por lo que es probablemente el mayor acierto del libro.

     Entonces hay tres cuentos que tratan de un hombre de apariencia horrible. Tanto el primer cuento, ‘Retrato del pez gato’, como el tercero, ‘Las gárgaras del pez gato’, no son muy emocionantes porque apenas se quedan en la descripción y no nos dicen mucho más, pero el segundo relato, ‘Las penas del pez gato’, es otra de esas piezas literarias excelentes que podemos encontrar en ‘Cada vez te despides mejor’. Es un relato que se aleja del habitual lenguaje rebuscado que tiende a utilizar Liboy Erba. También mantiene un tono gracioso, funciona como un texto autónomo y tiene el final más impactante de todo en el libro. ‘Las penas del pez gato’ es otro gran acierto de Liboy Erba.

     Los relatos al final del libro son un poco más extensos, pero esto es una consecuencia del léxico y el tono seleccionado en alguno de estos relatos, que al final parecen más bien una majadería inconsecuente. Uno de estos relatos, sin embargo, me llamó la atención sobre los demás. ‘Perder el trabajo’ es otra de esas historias sencillas que se ganan fácilmente al lector; al menos a mi. Tal parece que en la medida en que la historia sea más sencilla y contenga un lenguaje menos rebuscado, más atractiva y funcional se vuelve ante mis ojos. Pero yo creo que esto me sucede solamente con Liboy Erba. En este libro hay muchas historias que parecen más bien anécdotas o reflexiones, y en medio de todo ese mar introspectivo hay una serie de relatos que brillan por su elegancia, sobriedad y sencillez.

     Tengo que señalar que, a pesar de haber leído una tercera edición del libro, me topé con varios errores de edición que no son usuales en un texto de Isla Negra. Para ser un poco más específico, me encontré con varias palabras incompletas, abuso en el uso de las comas, en especial en los primeros relatos, falta de acentos y una que otra discordancia en los tiempos verbales.

     En resumidas cuentas, creo que mi lectura de ‘Cada vez te despides mejor’ puede describirse como un claroscuro fantástico, como un agridulce oriental o como un tirijala a la burro de una pesada roca. Los textos no son malos, pero tampoco son para todo el mundo. Hay relatos geniales que, sea como sea, siguen siendo aburridos (por ejemplo, ‘La tercera versión’), como también hay relatos con prosa torpe que, sin embargo, divierten y mantiene un color brillante a lo largo de los treintainueve relatos cortos (por ejemplo, ‘Los enfermos del Dr. Clemencio Batista’). Como ya he mencionado, también hay algunas joyitas dignas de ser esculcadas y leídas con la mayor atención del espíritu. Aquí los dejo...

Mis relatos favoritos han sido:
‘Cine Río Piedras’
‘La poética de Antonio García’
‘Los enfermos del Dr. Clemencio Batista’
‘Noches de Bengala’
‘Las penas del pez gato’
‘Perder el trabajo’

Elementos narrativos predominantes:
-La atención a la estructura
-La brevedad
-La introspección
-La retrospección
-El ensayo convertido en cuento


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